Foto: Redes Sociales

Si eres mexicano o simplemente tienes redes sociales, seguramente ya viste lo que pasó en Teotihuacán. Un sujeto armado entró a una de las zonas arqueológicas más importantes del país y tomó como rehenes a varios turistas en la Pirámide de la Luna.

Lo que siguió no fue solo un hecho violento. Fue una tragedia internacional. Una mujer perdió la vida.

Y aun así, eso no fue lo que más importó.

Lo que vino después fue el espectáculo. El circo. La competencia enfermiza por ver quién se apropiaba del relato primero.

El asco de convertir una tragedia en propaganda

Apenas se conoció la noticia, medios, opinadores y cuentas “influyentes” empezaron con la misma dinámica de siempre: etiquetar al agresor.

Que si tenía algo rojo, entonces era comunista.
Que si su fondo de pantalla tenía un león, entonces era libertario o fanático religioso.

Ese nivel de análisis. Ese nivel de miseria.

Mientras tanto, la víctima quedó en segundo plano. Las personas heridas, invisibles. Sus nombres ni siquiera importaron.

Nadie estaba preguntando por lo esencial.
Nadie estaba cuestionando lo que de verdad importa.

¿Dónde estaban las medidas de seguridad en una zona turística internacional?
¿Dónde estuvo la reacción inmediata de la Guardia Nacional?
¿Qué falló para que esto pasara?

Nada de eso generaba clics. Nada de eso se volvía viral.

De un lado y del otro, la misma podredumbre

El problema no es solo un bando. Es ambos.

Por un lado, medios como La Derecha Diario, que a la hora de haber salido la noticia ya estaban asegurando que el agresor era comunista, incluso antes de que se confirmara si había sido abatido o si se había quitado la vida.

Un medio que no es nuevo en esto. Ya antes difundió información falsa sobre un supuesto atentado contra el Papa en Argelia.

Del otro lado, los operadores del discurso oficial no se quedaron atrás. La narrativa cambió, pero la intención fue la misma: manipular.

De pronto, todo era culpa de la CIA.
O de los “discursos de odio” de figuras como Eduardo Verástegui, Ricardo Salinas Pliego o Lilly Téllez.

La lógica es tan absurda que ya roza lo ridículo. Falta poco para que alguien diga que fue una conspiración internacional para desestabilizar al país antes del Mundial 2026.

Salgan de la caja

El punto es simple, pero parece que nadie quiere decirlo:

Dejen de ser puercos.

De un lado y del otro hay manipulación, mentira, propaganda y dinero. No es exclusivo de una ideología.

Salgan de esa caja mental donde todo tiene que explicarse como “izquierda contra derecha”. Porque no todo es política. Y no todo se puede convertir en narrativa ideológica.

Hay algo más básico. Más incómodo. Más real.

Esto no es izquierda contra derecha

¿Quién dijo que una persona de izquierda no puede cometer un crimen?
¿Quién dijo que alguien de derecha está moralmente incapacitado para hacerlo?

¿En qué libro dice eso?

La realidad es más cruda.

Esto no es izquierda contra derecha.
Esto es bien contra mal.

Y si algo queda claro en medio de todo esto, es que no hay santos en ningún bando.

Lo que sí hay, es gente enferma.
Y personas malas.

En todos lados.

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