Spain's midfielder #16 Rodri and defender #22 Pau Cubarsi celebrate after their team won the 2026 World Cup football tournament semi-final match between France and Spain at the Dallas Stadium in Arlington on July 14, 2026. (Photo by Paul ELLIS / AFP) (PAUL ELLIS/AFP)

De Pavía a Dallas, una jornada para que más de un francés quisiera cambiar la fecha de su fiesta nacional

Mientras Argentina suele vivir cada partido contra Inglaterra como una reedición futbolística de la cuestión de las Malvinas, España tenía este 14 de julio una oportunidad única para regalarse una pequeña revancha histórica, aunque esta vez con el balón en los pies y no con picas, arcabuces o tercios.

Y vaya si la aprovechó.

La selección dirigida por Luis de la Fuente, devoto católico por la gracia de Dios, derrotó con autoridad 2 a 0 a Francia y se clasificó a la segunda final mundialista de su historia, dominando de principio a fin al conjunto galo en una actuación que muchos medios españoles calificaron como un auténtico recital futbolístico.

Pero aquí viene el detalle que hace sonreír a cualquier amante de la historia.

El partido se jugó el 14 de julio, la gran fiesta nacional francesa, día en que se conmemora la toma de la Bastilla de 1789, símbolo del inicio de la Revolución Francesa.

Y claro…

Para quienes crecieron leyendo sobre la Cristiandad, los Tercios y el Siglo de Oro español, la coincidencia era demasiado tentadora.

Una pequeña licencia para la imaginación

Aclaremos algo antes de que algún historiador lance un diccionario por la ventana.

No, España no jugó el Mundial para «vengar» ninguna batalla.

No, Luis de la Fuente no salió al campo montado sobre un caballo con armadura.

Y no, Rodri no gritó «¡Santiago y cierra, España!» antes del saque inicial.

Pero tampoco nos van a negar que la escena da para una buena broma.

Porque durante siglos Francia y España protagonizaron algunas de las rivalidades más importantes de Europa.

En Pavía, en San Quintín, en Rocroi, en los Pirineos… la historia compartida entre ambas coronas está llena de capítulos memorables, victorias para unos, derrotas para otros y largas disputas por la hegemonía continental.

Y en buena parte de ese periodo, la Monarquía Hispánica se presentaba orgullosamente bajo un lema que atravesaba su identidad política y espiritual: Cristo Rey.

Del «Liberté, Égalité, Fraternité» al «Olé, olé»

La ironía histórica quiso que precisamente el día en que Francia celebra el nacimiento del nuevo régimen republicano, España ofreciera una exhibición de posesión, paciencia y fútbol que terminó desesperando a los galos.

Los aficionados españoles acabaron despidiendo el encuentro con los clásicos «¡Olé!» mientras Francia apenas encontraba respuestas y Mbappé terminaba frustrado en los minutos finales.

Si algún guionista hubiera escrito el libreto antes del torneo, probablemente le habrían dicho que exageraba.

Los fantasmas de la historia siempre encuentran un balón

En realidad, todos los países tienen estas pequeñas obsesiones deportivas.

Argentina vive los cruces con Inglaterra con un inevitable trasfondo emocional ligado a las Malvinas, Falklands, eso…

Brasil nunca olvida el Maracanazo.

Italia revive Alemania 2006.

Y España, aunque hoy mantiene excelentes relaciones con Francia, no podía pedir un calendario más pintoresco que eliminar a los Bleus precisamente el 14 de julio.

Porque, admitámoslo, si la historia tiene sentido del humor, esta fue una de esas bromas perfectamente calculadas.

Que nadie llame a los embajadores

Antes de que alguien redacte una nota diplomática, insisto:

Esto es un ejercicio de entretenimiento aprovechando una curiosa coincidencia del calendario.

España ganó porque jugó mejor.

Francia perdió porque fue claramente superada sobre el césped.

Y los comentaristas siguen siendo todos pro Argentina… para sorpresa de nadie.

Y la única batalla librada fue durante noventa minutos de fútbol de altísimo nivel.

Eso sí…

Es probable que, en algún rincón del cielo, más de un viejo soldado de los Tercios haya sonreído discretamente al ver que, una vez más, un 14 de julio terminaba con España celebrando frente a Francia.

Y si además fue con dos goles, posesión magistral y rumbo a la final del Mundial…

Como dirían los cronistas del Siglo de Oro:

«Las armas descansan, pero el honor nunca pierde ocasión de asomarse… aunque esta vez llevara botas de fútbol.»

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