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La decisión tomada en los últimos días por el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, respecto a la llamada Ley de Identidad de Género, así como la reacción inmediata de diversos medios de comunicación y grupos progresistas, nos permite observar con claridad una dinámica que se ha vuelto cada vez más frecuente en nuestra sociedad: la imposición de determinadas narrativas culturales mediante la descalificación sistemática de quienes se oponen a ellas.

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Resulta interesante observar que gran parte de los ataques dirigidos hacia el gobernador no se centraron en debatir los argumentos de fondo ni en discutir las implicaciones antropológicas, jurídicas o culturales de la ley. Por el contrario, la estrategia predominante consistió en desacreditar la postura del mandatario, sugiriendo que su decisión obedecía a la ignorancia, a la falta de lectura del proyecto legislativo o a una supuesta incomprensión de sus alcances.

Pero esta forma de argumentar evita deliberadamente el verdadero debate.

La postura del gobernador refleja una visión conservadora que, guste o no, forma parte importante del electorado que lo llevó democráticamente al cargo. En una democracia auténtica, los gobernantes no solamente representan procedimientos administrativos, sino también principios, valores y visiones de sociedad respaldadas por quienes les otorgaron su confianza mediante el voto.

Por ello, es importante recordar que el ejercicio del veto forma parte de las facultades legítimas que el orden jurídico concede al titular del Poder Ejecutivo. Independientemente de que existan resoluciones, criterios o presiones provenientes de otros poderes o tribunales, el gobernador posee la autoridad constitucional para manifestar su desacuerdo cuando considera que una legislación afecta el bien común o contradice los principios que está llamado a representar.

Muchos defensores de la iniciativa concentraron sus críticas en señalar que la ley se encuentra dirigida exclusivamente a personas mayores de edad y que, por tanto, las preocupaciones expresadas por sus opositores carecen de fundamento.

Sin embargo, para muchos ciudadanos la discusión no gira únicamente en torno al contenido inmediato de la norma, sino sobre el proceso cultural que representa.

Y es precisamente aquí donde resulta útil reflexionar sobre el concepto conocido como la Ventana de Overton.

Este concepto describe la manera en que ciertas ideas pasan gradualmente de ser consideradas impensables a convertirse en socialmente aceptables, posteriormente razonables y finalmente en políticas públicas plenamente normalizadas.

La idea central es sencilla: los cambios culturales más profundos rara vez ocurren de manera abrupta. Generalmente avanzan mediante pequeñas modificaciones sucesivas que terminan transformando por completo la percepción social de una realidad.

Peter Senge, en su obra La quinta disciplina, utiliza una imagen que ayuda a comprender este fenómeno. Habla de la conocida parábola de la rana hervida.

Si una rana es colocada directamente en agua hirviendo, reaccionará inmediatamente intentando escapar. Sin embargo, si es colocada en agua a temperatura ambiente y esta se va calentando poco a poco, la rana se adaptará gradualmente a cada cambio sin percibir el peligro hasta que finalmente sea demasiado tarde para reaccionar.

Más allá de la exactitud biológica de la historia, la parábola sirve para ilustrar cómo las personas pueden acostumbrarse progresivamente a transformaciones culturales profundas sin advertir plenamente sus consecuencias.

Algo similar ocurre con muchas de las discusiones contemporáneas.

La idea de que la identidad sexual puede definirse exclusivamente a partir de la autopercepción subjetiva, independientemente de la realidad biológica, habría sido considerada por amplios sectores de la sociedad como una postura radical o impensable hace apenas unas décadas.

Sin embargo, mediante un proceso gradual de normalización cultural, dicha propuesta ha transitado de lo impensable a lo discutible, de lo discutible a lo aceptable y, posteriormente, de lo aceptable a convertirse en una exigencia política y jurídica.

Y precisamente entre cada una de estas etapas existe un camino cuidadosamente construido.

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La Ventana de Overton y la identidad de género

Quienes defendemos la postura del gobernador Mauricio Kuri sostenemos que la discusión no se limita al texto específico de una ley, sino al proceso cultural que dicha legislación representa.

Y es aquí donde muchos recurren a la llamada Ventana de Overton.

Primera etapa: de lo impensable a lo radical

Hace apenas algunas décadas, la idea de que el género pudiera definirse exclusivamente por la percepción subjetiva de una persona, independientemente de su sexo biológico, era considerada una postura marginal dentro del debate público.

La inmensa mayoría de las personas entendía la identidad sexual como una realidad vinculada a la biología humana. Sin embargo, poco a poco comenzaron a surgir debates académicos, filosóficos y culturales que cuestionaban esta visión tradicional.

Lo que anteriormente era considerado impensable comenzó a convertirse en un tema discutible.

Segunda etapa: de lo radical a lo aceptable

Posteriormente aparecieron nuevos conceptos y nuevas categorías lingüísticas.

La discusión dejó de centrarse en la realidad biológica y comenzó a enfocarse en términos como “identidad de género”, “autopercepción” o “expresión de género”.

Al mismo tiempo, quienes cuestionaban estas ideas empezaron a ser presentados con frecuencia como intolerantes, retrógrados o incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos.

La discusión ya no giraba exclusivamente en torno a la verdad de la propuesta, sino también sobre la aceptación social de quienes la defendían.

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato

En esta fase comenzaron a aparecer estudios, especialistas, activistas y comunicadores que presentaban la identidad de género como una realidad plenamente legítima desde el punto de vista científico, psicológico o jurídico.

La narrativa dominante pasó de preguntar si la idea debía ser aceptada a explicar por qué debía considerarse razonable.

Los medios de comunicación y numerosos actores sociales comenzaron a presentar estas posturas como una respuesta necesaria a situaciones de sufrimiento o discriminación.

Cuarta etapa: de lo sensato a lo popular

Posteriormente, el tema se volvió parte habitual de la cultura popular.

Series, películas, campañas publicitarias, redes sociales y figuras públicas comenzaron a incorporar constantemente estas narrativas.

La discusión dejó de pertenecer únicamente al ámbito académico o político para convertirse en un fenómeno cultural masivo.

En este punto, la aceptación social comenzó a crecer de forma acelerada.

Quinta etapa: de lo popular a lo político

Finalmente, las transformaciones culturales se trasladaron al ámbito jurídico.

Comenzaron a promoverse leyes, resoluciones judiciales y reformas administrativas destinadas a reconocer legalmente estas nuevas categorías.

Y es precisamente en esta etapa donde muchos ubican la discusión actual en Querétaro.

¿Por qué Mauricio Kuri habló de los niños?

Una de las críticas más frecuentes hacia el gobernador ha sido que la ley en discusión se refiere a personas adultas y que, por tanto, resulta incorrecto vincularla con menores de edad.

Sin embargo, quienes respaldamos su postura sostenemos que la preocupación del gobernador no se refiere únicamente al contenido inmediato de la legislación, sino a la dirección que puede tomar el proceso cultural en el futuro.

Su argumento es que, en distintos países y regiones, debates que inicialmente comenzaron limitándose exclusivamente a adultos terminaron ampliándose posteriormente hacia otros ámbitos sociales, educativos o jurídicos.

Desde esta perspectiva, la referencia a los niños no sería una afirmación sobre el contenido literal de la ley actual, sino una advertencia sobre posibles desarrollos futuros que podrían derivarse de la misma lógica antropológica que sustenta estas reformas.

Por ello, los defensores del veto sostenemos que Mauricio Kuri no está reaccionando por desconocimiento del texto legislativo, sino expresando una preocupación cultural más amplia sobre las consecuencias que determinadas transformaciones podrían tener para las próximas generaciones.

La discusión, entonces, no gira únicamente en torno a una ley concreta, sino sobre la visión de persona, familia y sociedad que se está construyendo para el futuro.

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