La Oficina del Representante Comercial de EE.UU. confirmó que Washington busca mantener el tratado comercial con México y Canadá, aunque planea imponer reglas más estrictas sobre contenido regional y cadenas de suministro.
El gobierno de Donald Trump envió una señal importante para México y Canadá: Estados Unidos no busca abandonar el T-MEC, pero sí pretende modificar profundamente varias de sus reglas para fortalecer la producción norteamericana y limitar la influencia china dentro de la región.
La declaración fue realizada por Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos (USTR), quien explicó que Washington quiere “mejorar” el acuerdo mediante reglas de origen más estrictas, especialmente en sectores estratégicos como automóviles, manufactura y cadenas industriales.
En otras palabras: Estados Unidos no quiere destruir el T-MEC, pero sí transformarlo en una herramienta mucho más agresiva para proteger empleos estadounidenses y frenar el avance económico de China dentro de Norteamérica.
El verdadero objetivo: cerrar el paso a China
La gran preocupación de Washington actualmente no es México ni Canadá en sí mismos, sino el crecimiento de inversiones y exportaciones chinas dentro de la región norteamericana.
Funcionarios estadounidenses consideran que muchas empresas chinas están utilizando México como plataforma para exportar productos hacia Estados Unidos aprovechando ventajas del T-MEC.
Por eso, la administración Trump busca endurecer las llamadas “reglas de origen”, es decir, los requisitos mínimos de contenido regional que un producto debe cumplir para recibir beneficios comerciales dentro del tratado.
Sectores como automóviles, autopartes, acero, semiconductores y tecnología serían algunos de los más afectados por los cambios que Washington pretende impulsar rumbo a la revisión formal del tratado en 2026.
El T-MEC entra en su revisión más delicada
El tratado firmado entre México, Estados Unidos y Canadá entrará oficialmente en revisión el 1 de julio de 2026, seis años después de su entrada en vigor.
Aunque el acuerdo puede extenderse hasta 2042, la revisión abre la puerta a renegociaciones profundas e incluso a escenarios de tensión comercial si alguno de los países rechaza renovar ciertas condiciones.
Diversos centros de análisis en Washington consideran que Trump utilizará la revisión como mecanismo de presión para imponer nuevas condiciones a México y Canadá.
Entre las prioridades estadounidenses aparecen:
- mayores requisitos de contenido regional,
- restricciones a inversiones chinas,
- controles contra triangulación comercial,
- fortalecimiento laboral,
- y nuevas medidas de seguridad económica.
México intenta evitar una crisis comercial
El gobierno mexicano, encabezado por la presidente Claudia Sheinbaum, ya inició conversaciones técnicas con Washington para intentar llegar fortalecido a la revisión del tratado.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha sostenido reuniones frecuentes con funcionarios estadounidenses para discutir temas relacionados con manufactura, energía, aranceles y cadenas de suministro.
Sin embargo, México llega a esta negociación en una posición complicada.
Washington mantiene tensiones abiertas con el gobierno mexicano por temas energéticos, seguridad, migración, narcotráfico y presencia de empresas chinas dentro del país.
Además, sectores estadounidenses consideran que México ha incumplido parcialmente compromisos del tratado en áreas estratégicas.
Trump no quiere destruir el T-MEC, quiere controlarlo
La señal más importante detrás de las declaraciones de la USTR es que Estados Unidos entiende que el T-MEC sigue siendo vital para la economía norteamericana.
El comercio regional mueve más de 1.3 billones de dólares anuales y sostiene millones de empleos en los tres países.
Por eso, el objetivo de Trump no parece ser abandonar el acuerdo, sino rediseñarlo bajo una lógica mucho más proteccionista y estratégica frente a China.
La gran pregunta ahora es cuánto estará dispuesto México a aceptar para conservar estabilidad comercial con su principal socio económico.
Porque detrás de la revisión del T-MEC ya no solo se discute comercio. También se está definiendo quién controlará económicamente Norteamérica en plena guerra geopolítica entre Estados Unidos y China.

