El histórico legislador por Carolina del Sur murió este sábado tras sufrir una disección aórtica. Durante más de dos décadas en el Senado de Estados Unidos se convirtió en una de las voces más influyentes de la política exterior republicana, especialmente por su defensa de las intervenciones militares y de un apoyo incondicional al Estado de Israel.
El senador republicano Lindsey Graham, representante del estado de Carolina del Sur desde 2003 y una de las figuras más reconocidas de la política estadounidense de las últimas décadas, falleció el sábado 11 de julio a los 71 años. Horas después, su oficina confirmó que la causa preliminar de la muerte fue una disección aórtica derivada de una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica.
Su fallecimiento pone fin a una carrera política de más de treinta años en Washington. Antes de llegar al Senado en 2003, Graham sirvió cuatro períodos en la Cámara de Representantes y desarrolló una importante trayectoria como abogado militar en la Fuerza Aérea de Estados Unidos. En el Senado integró y presidió comités clave como los de Justicia, Presupuesto y Relaciones Exteriores, convirtiéndose en una de las voces republicanas más influyentes en materia de seguridad nacional y política internacional.
Aunque durante las primarias republicanas de 2016 fue uno de los críticos más severos de Donald Trump, posteriormente se convirtió en uno de sus aliados más cercanos en el Congreso, respaldando buena parte de su agenda legislativa y judicial.
EE.UU. como “faro de occidente”
Graham perteneció al grupo de legisladores republicanos que defendieron durante décadas una política exterior basada en un papel activo de Estados Unidos en los principales conflictos internacionales.
Fue un firme impulsor del fortalecimiento de la OTAN, respaldó de manera constante el envío de ayuda militar a Ucrania tras la invasión rusa y promovió una política de máxima presión contra Irán. Apenas un día antes de su fallecimiento había regresado de Kiev, donde sostuvo reuniones con el presidente Volodímir Zelenski para discutir nuevas sanciones contra Rusia y mecanismos de apoyo militar a Ucrania.
Sin embargo, ninguna causa marcó tanto su carrera política como su respaldo al Estado de Israel.
Un respaldo sin reservas a la ofensiva israelí
Tras el ataque terrorista perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023, Graham defendió públicamente que Israel utilizara todos los los medios necesarios para destruir a la organización.
En una entrevista con Fox News declaró:
“Estoy con Israel. Hagan lo que demonios tengan que hacer para defenderse. Arrasen el lugar”
Meses después, cuando la administración Biden decidió suspender temporalmente el envío de determinado armamento a Israel por la preocupación ante una ofensiva sobre Rafah, Graham volvió a rechazar cualquier restricción.
“Denle a Israel las bombas que necesita para terminar la guerra. No pueden permitirse perder”, afirmó, comparando además la decisión estadounidense de lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki con la estrategia que, a su juicio, debía seguir Israel para derrotar a Hamás. Sus declaraciones provocaron protestas oficiales del Gobierno japonés y críticas de organizaciones humanitarias.
También sostuvo públicamente que confiaba más en el criterio del Gobierno israelí que en el entonces secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, respecto a la conducción del conflicto en Gaza.
Una figura que dividió opiniones
Para sus aliados, Lindsey Graham representó la convicción de que Estados Unidos debía ejercer un liderazgo firme para proteger a sus aliados y enfrentar a regímenes considerados hostiles.
Para sus críticos, en cambio, fue uno de los principales exponentes del intervencionismo estadounidense de las últimas décadas, favoreciendo respuestas militares incluso cuando diversos gobiernos y organismos internacionales impulsaban negociaciones diplomáticas, altos al fuego o mayores restricciones al uso de la fuerza.
Esa diferencia quedó especialmente expuesta durante la guerra entre Israel y Hamás, cuando Graham rechazó limitar el suministro de armamento a Israel y defendió la continuidad de la ofensiva militar aun frente al creciente debate internacional sobre sus consecuencias humanitarias.
Un legado que seguirá siendo objeto de debate
La muerte de Lindsey Graham cierra la trayectoria de uno de los senadores más influyentes de la política estadounidense contemporánea.
Su papel en la consolidación del bloque conservador en el Senado, su cercanía con Donald Trump durante los últimos años y especialmente, su defensa constante de una política exterior basada en la fuerza militar, el apoyo a Ucrania y un respaldo prácticamente incondicional a Israel aseguran que su legado continuará siendo objeto de debate tanto dentro de Estados Unidos como en el escenario internacional.
Como católicos, una oración por el político que ha partido. Que descanse en paz.

