El presidente de Estados Unidos sorprendió al admitir que evalúa suavizar las sanciones contra empresas chinas vinculadas al petróleo iraní, en medio de las negociaciones con Xi Jinping y la crisis energética global.
Donald Trump confirmó este jueves que su administración analiza levantar algunas sanciones impuestas recientemente contra compañías petroleras de China que continúan comprando crudo iraní, una declaración que marca un posible giro estratégico en plena tensión global por Medio Oriente.
Durante su visita oficial a Pekín y tras reunirse con Xi Jinping, Trump aseguró que “pronto” tomará una decisión sobre las sanciones aplicadas a refinerías y empresas navieras chinas vinculadas al comercio petrolero con Irán.
La posibilidad de flexibilizar las restricciones representa un cambio importante, especialmente porque hace apenas semanas la propia administración Trump había endurecido agresivamente las sanciones contra refinerías chinas y cerca de 40 empresas navieras acusadas de transportar petróleo iraní.
La guerra con Irán cambió el tablero energético mundial
La decisión ocurre en medio del caos energético provocado por el conflicto con Irán y las tensiones alrededor del Estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más importantes del planeta.
China depende enormemente del petróleo que atraviesa Ormuz y sigue siendo uno de los principales compradores de crudo iraní pese a las sanciones occidentales.
Según Reuters, Trump y Xi discutieron directamente el tema durante la cumbre en Pekín. El presidente estadounidense incluso afirmó que China “podría ayudar” a estabilizar la situación regional y presionar a Teherán para mantener abierto el estrecho.
El posible levantamiento de sanciones también estaría vinculado a negociaciones económicas más amplias entre Washington y Pekín, incluyendo compras de energía estadounidense por parte de China y nuevos acuerdos comerciales.
Hace semanas Trump castigaba duramente a China por comerciar con Irán
El posible giro resulta especialmente llamativo porque la Casa Blanca había adoptado una postura extremadamente agresiva contra el comercio petrolero chino con Irán desde inicios de 2026.
En abril, Trump sancionó a la refinería china Hengli Petrochemical y a decenas de navieras por presuntamente ayudar a financiar al régimen iraní mediante la compra y transporte de petróleo.
La medida formaba parte de la política de “máxima presión” contra Teherán impulsada por Trump tras regresar a la Casa Blanca.
Washington acusaba entonces a esas empresas de contribuir indirectamente a programas militares iraníes y a redes vinculadas con terrorismo regional.
Ahora, la posibilidad de levantar parcialmente esas sanciones muestra hasta qué punto la crisis energética y la necesidad de evitar un colapso económico global están obligando a la administración Trump a recalcular posiciones.
China gana margen de negociación frente a Washington
Analistas internacionales consideran que Pekín está aprovechando su peso energético y económico para ganar influencia frente a Estados Unidos.
China no solo necesita petróleo iraní, sino que además controla buena parte de las cadenas industriales y comerciales estratégicas que Washington busca mantener estables en medio de la guerra y la incertidumbre global.
Por eso, detrás de la posible flexibilización de sanciones existe también una realidad geopolítica más amplia: Estados Unidos necesita cooperación china para estabilizar mercados, contener precios energéticos y evitar una escalada aún mayor con Irán.
La decisión final de Trump podría conocerse en los próximos días y marcaría un nuevo capítulo en la compleja relación triangular entre Washington, Pekín y Teherán.

