Un momento de una celebración litúrgica en China, foto de archivo. Fuente: Vatican News

La ordenación de un nuevo obispo bajo el pacto firmado en 2018 reaviva el debate sobre la relación entre la Santa Sede y el régimen comunista chino, mientras algunos católicos cuestionan el contraste con la firmeza mostrada por Roma en otros conflictos eclesiales.

La Santa Sede anunció este 22 de julio la ordenación episcopal de monseñor Giuseppe Chang Yanfeng como nuevo obispo de Chifeng, en la región china de Mongolia Interior. Según informó el Vaticano, el papa León XIV aprobó su nombramiento el pasado 15 de junio en el marco del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China.

Sin embargo, el anuncio volvió a poner de relieve algunas de las particularidades que rodean este acuerdo. Aunque el Papa aprobó el nombramiento hace más de un mes, la Santa Sede no lo hizo público hasta el mismo día de la ordenación episcopal, una práctica poco habitual en los nombramientos de obispos.

Otro detalle llamativo fue la diferencia entre los comunicados difundidos por Roma y por las autoridades chinas. Mientras el Vaticano subrayó expresamente que el nombramiento había recibido la aprobación del Santo Padre, el comunicado de la Asociación Patriótica Católica China omitió cualquier referencia al Papa y señaló únicamente que el obispo había sido aprobado por las autoridades estatales y elegido por los organismos oficiales de la Iglesia en China.

Un acuerdo que sigue siendo objeto de controversia

El Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y Pekín fue firmado en 2018 durante el pontificado de Francisco con el objetivo de encontrar un mecanismo común para el nombramiento de obispos en China. Su contenido permanece confidencial hasta hoy y ha sido renovado en varias ocasiones.

El Vaticano sostiene que el acuerdo busca preservar la unidad de la Iglesia en China y garantizar que los obispos permanezcan en comunión con Roma. Sin embargo, numerosos expertos, miembros de la llamada Iglesia clandestina y defensores de la libertad religiosa consideran que el Partido Comunista Chino continúa ejerciendo una influencia determinante sobre la vida de la Iglesia católica en el país y que la persecución contra muchos fieles no ha cesado.

Entre las voces más críticas se encuentra el cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, quien durante años ha advertido que el acuerdo podría dejar desprotegidos a los católicos que permanecieron fieles a Roma durante décadas de persecución.

Un contraste que alimenta el debate

El anuncio también ha reavivado una reflexión presente entre muchos católicos sobre la manera en que la Santa Sede aborda distintos conflictos dentro de la Iglesia.

Mientras Roma ha mostrado una actitud especialmente firme frente a comunidades cuya situación canónica considera irregular, como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), llegando recientemente a intervenir con rapidez ante decisiones consideradas actos de desobediencia, al mismo tiempo mantiene una política de diálogo y cooperación con un régimen comunista que continúa controlando estrechamente la vida religiosa en China.

Para algunos fieles, el contraste resulta difícil de ignorar. Se preguntan cómo es posible que la desobediencia de sectores tradicionalistas reciba respuestas inmediatas, mientras que el Vaticano continúa desarrollando un acuerdo con un gobierno que sigue limitando la libertad religiosa, supervisando la elección de obispos y manteniendo bajo control estatal a la Asociación Patriótica Católica China.

Aunque la Santa Sede defiende que el acuerdo constituye una herramienta pastoral destinada a mantener abierta una vía de diálogo y asegurar la comunión de los obispos con el Papa, sus críticos sostienen que el pacto ha concedido al régimen chino una influencia inédita sobre la Iglesia y ha dejado en una situación especialmente delicada a quienes durante décadas permanecieron fieles a Roma pese a la persecución.

Con este nuevo nombramiento, León XIV no solo confirma el nombramiento de un obispo en China, sino también la continuidad de una de las políticas más debatidas heredadas del pontificado de Francisco, una decisión que previsiblemente seguirá suscitando interrogantes tanto dentro como fuera de la Iglesia.

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