Ernestina Godoy exige "pruebas" en la "mañanera". Foto: Eduardo Miranda

La FGR y la SRE alegan “falta de pruebas” para detener al gobernador de Sinaloa, aunque expertos advierten que ese estándar no es requisito para iniciar el proceso de extradición.

El gobierno mexicano ha decidido frenar, por ahora, el proceso de extradición contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, pese a que Estados Unidos ya presentó una acusación formal en su contra por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.

La Secretaría de Relaciones Exteriores confirmó que recibió la solicitud de detención con fines de extradición enviada por Washington, pero argumentó que el expediente “no cuenta con elementos de prueba suficientes” para proceder.

El caso fue turnado a la Fiscalía General de la República, que ahora evalúa si existen condiciones legales para actuar. Mientras tanto, en los hechos, la solicitud quedó detenida.

Este movimiento no es menor. Se trata de una petición directa del gobierno estadounidense contra un gobernador en funciones, algo extraordinario en la relación bilateral. Y los morenistas gritan a voz en cuello que Rocha Moya «no está solo». ¡Claro que no está solo! Tiene una serie de cómplices dentro del partido, que se hunden con él si se va a Estados Unidos.

El argumento de las “pruebas contundentes”

El discurso oficial ha sido claro. Tanto la presidente como la Fiscalía han insistido en que se requieren “pruebas contundentes” para proceder contra Rocha Moya.

Pero aquí está el punto clave que muchos están ignorando, o directamente distorsionando.

Expertos en derecho internacional señalan que el Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos no exige pruebas definitivas o “irrefutables” para iniciar el proceso, sino elementos suficientes que justifiquen una investigación judicial.

De hecho, el procedimiento estándar consiste en que el país solicitante presenta una acusación formal y evidencia inicial, y es el país requerido el que evalúa si hay base para detener provisionalmente al acusado mientras avanza el proceso.

Es decir, el umbral no es demostrar culpabilidad total desde el inicio. Eso se define en juicio.

Por eso, la exigencia de “pruebas contundentes” ha sido señalada como un argumento más político que jurídico. Lilly Tellez, senadora del PAN, señaló que esperan que Estados Unidos de más información para que no haya excusas y se deje de proteger a Rocha Moya y los otros 9 presuntos delincuentes.

Golpe directo a MORENA

El trasfondo político es evidente.

Estados Unidos no solo acusa a Rocha Moya, sino también a otros funcionarios y figuras cercanas a MORENA por presuntamente colaborar con el narcotráfico a cambio de apoyo electoral y protección institucional. Esto coloca al gobierno mexicano en una posición extremadamente delicada. Entregar a un gobernador en funciones implicaría reconocer una infiltración del crimen organizado en el poder político.

Por eso, desde el Ejecutivo se ha insistido en la narrativa de falta de pruebas e incluso se ha hablado de “injerencia extranjera” y defensa de la soberanía.

Mientras tanto, análisis recientes advierten que este caso revive las sospechas de narcopolítica dentro de MORENA y podría tener impacto en futuros procesos electorales.

Estados Unidos ya acusó formalmente a Rocha Moya.
México no está actuando con la misma velocidad.

Y en medio de eso, aparece un concepto clave que define todo el caso: no es solo si hay pruebas, es si hay voluntad de avanzar.

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