Foto: Aristegui Noticias

El conflicto interno del Cártel de Sinaloa ha multiplicado el uso de armas de alto poder y explosivos, mientras el estado enfrenta una de las peores crisis de seguridad de su historia reciente.

La guerra interna entre las facciones de “Los Chapitos” y “Los Mayos” está llevando a Sinaloa a niveles históricos de violencia, con un crecimiento explosivo en delitos cometidos con armas de fuego, explosivos y ataques armados de alto impacto.

De acuerdo con información publicada por El Universal, las carpetas de investigación relacionadas con armas de fuego y explosivos en Sinaloa pasaron de apenas 312 casos en 2019 a 1,916 durante 2025, reflejando el deterioro acelerado de la seguridad en el estado.

Tan solo entre enero y marzo de 2026 ya se habían abierto 397 investigaciones adicionales, confirmando que el conflicto continúa escalando.

Especialistas consultados por El Universal vinculan directamente este aumento de violencia con la fractura interna del Cártel de Sinaloa tras el secuestro y posterior captura de Ismael “El Mayo” Zambada.

La guerra que fracturó al Cártel de Sinaloa

La ruptura entre “Los Chapitos”, hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, y la facción ligada a “El Mayo” Zambada venía creciendo silenciosamente desde hace varios años.

Pero el conflicto explotó abiertamente después de que Joaquín Guzmán López presuntamente colaborara con autoridades estadounidenses para facilitar la entrega de Zambada en 2024, hecho que desató acusaciones de traición dentro del propio cártel.

Desde entonces, Sinaloa vive enfrentamientos constantes, ejecuciones, narcobloqueos, ataques con drones y uso creciente de explosivos improvisados.

El fenómeno ya no se limita únicamente a Culiacán. Municipios rurales, carreteras y distintas regiones del estado se han convertido en escenarios de enfrentamientos armados cada vez más sofisticados.

Explosivos, drones y armamento militar

Uno de los elementos que más preocupa a autoridades y especialistas es el aumento del uso de explosivos y tecnología militar improvisada por parte de los grupos criminales.

En distintos enfrentamientos recientes se han detectado drones adaptados para transportar artefactos explosivos, vehículos blindados artesanales y armamento de alto calibre.

Incluso fuerzas federales han localizado campamentos clandestinos con municiones y explosivos presuntamente vinculados a facciones de “Los Mayos”.

Analistas advierten que la violencia criminal en México está entrando en una nueva etapa, donde organizaciones del narcotráfico operan cada vez más como estructuras paramilitares con capacidad de controlar territorios completos.

La presión de Estados Unidos aumenta

La crisis de seguridad ocurre además en medio de una creciente presión de Washington sobre México.

El gobierno de Donald Trump ha intensificado el discurso contra los cárteles mexicanos, mientras distintas investigaciones estadounidenses apuntan a presuntos vínculos entre políticos mexicanos y organizaciones criminales.

El conflicto interno del Cártel de Sinaloa también se ha convertido en un tema prioritario para agencias de inteligencia estadounidenses debido al impacto del tráfico de fentanilo y al riesgo de expansión regional de la violencia.

Mientras tanto, Sinaloa continúa atrapado entre una guerra criminal que parece lejos de terminar y un Estado que cada vez enfrenta más dificultades para contener el poder de las organizaciones armadas.

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