Víctor Rodríguez Padilla, director general de PEMEX, en la mañanera de Sheinbaum. Foto: Gabriel Pano/EL UNIVERSAL

La salida del director de Pemex ocurre tras una cadena de accidentes, pérdidas multimillonarias y acusaciones de encubrimiento alrededor del derrame petrolero que afectó cientos de kilómetros del Golfo de México.

La salida de Víctor Rodríguez Padilla de la dirección general de Pemex no puede entenderse como un simple relevo administrativo. Su gestión terminó marcada por una acumulación de crisis que golpearon simultáneamente la imagen, las finanzas y la operación de la petrolera estatal mexicana.

Aunque Claudia Sheinbaum insiste en que la salida ya estaba acordada desde el inicio del sexenio, la realidad es que Rodríguez deja una empresa atrapada entre derrames ambientales, incendios mortales, baja producción, deuda histórica y crecientes sospechas de opacidad interna.

El derrame que Pemex intentó negar

El episodio más devastador de su administración fue el enorme derrame petrolero registrado desde febrero de 2026 en el Golfo de México.

Durante semanas, Pemex y distintas autoridades minimizaron el desastre ambiental. Inicialmente se habló de “chapopoteras”, de posibles barcos privados e incluso se intentó deslindar completamente a la petrolera estatal.

Sin embargo, conforme avanzaron las investigaciones y comenzaron a circular imágenes satelitales y denuncias de pescadores y organizaciones ambientales, Pemex terminó admitiendo que el derrame sí provenía de una fuga en uno de sus ductos vinculados al complejo Cantarell.

El desastre llegó a afectar más de 600 kilómetros de costas en Veracruz, Tabasco, Campeche y Tamaulipas, golpeando comunidades pesqueras, turismo y ecosistemas marinos.

La situación escaló todavía más cuando comenzaron las acusaciones de ocultamiento deliberado dentro de Pemex. Según reportes periodísticos y documentos citados en investigaciones oficiales, áreas operativas habrían conocido el problema desde inicios de febrero pero retrasaron acciones y minimizaron públicamente el alcance real de la fuga.

Incluso el propio Rodríguez Padilla terminó afirmando que información clave sobre el derrame le habría sido ocultada a él y a otros altos mandos de la empresa.

Accidentes mortales e incendios constantes

Pero el derrame no fue el único golpe.

Durante la gestión de Rodríguez también ocurrieron varios accidentes graves en instalaciones petroleras. El más delicado fue el incendio en la refinería Olmeca de Dos Bocas, donde murieron cinco trabajadores.

Apenas esta semana, otro incendio en la refinería de Salina Cruz, Oaxaca, dejó trabajadores gravemente heridos y provocó la muerte de uno de ellos tras sufrir quemaduras severas.

Los incidentes comenzaron a generar fuertes cuestionamientos sobre las condiciones de mantenimiento, seguridad industrial y operación dentro de Pemex.

Además, investigaciones federales revelaron recientemente la existencia de un túnel clandestino de huachicol dentro de instalaciones de Pemex en Nuevo León, evidenciando nuevamente el nivel de infiltración criminal y corrupción alrededor de la empresa estatal.

Una empresa financieramente asfixiada

A la crisis operativa se sumó el deterioro financiero.

Pemex continúa siendo una de las petroleras más endeudadas del mundo, con pasivos cercanos a los 75 mil millones de dólares.

Durante el primer trimestre de 2026, la empresa registró pérdidas multimillonarias pese al contexto internacional de altos precios energéticos. Además, la producción petrolera sigue estancada alrededor de 1.6 millones de barriles diarios, lejos de la meta oficial de 1.8 millones impulsada por Sheinbaum.

Las calificadoras internacionales mantienen perspectivas negativas sobre la empresa y expertos advierten que Pemex enfrenta problemas estructurales mucho más profundos que un simple cambio de director.

Sheinbaum intenta contener el desgaste político

La presidenta ha intentado defender públicamente la gestión de Rodríguez Padilla y aseguró que “no hay nada que esconder” respecto al derrame petrolero.

Sin embargo, el desgaste político ya era evidente.

Senadores de oposición exigieron comparecencias, investigaciones y explicaciones sobre las inconsistencias oficiales alrededor del derrame y otros accidentes recientes.

Reuters incluso reportó que Rodríguez habría intentado renunciar anteriormente debido a tensiones internas y creciente intervención presidencial directa en Pemex.

Ahora, el nuevo director Juan Carlos Carpio Fragoso hereda una empresa golpeada por accidentes, sospechas de opacidad, deterioro financiero y una presión enorme para sostener el discurso oficial de soberanía energética.

Porque más allá del relevo, el verdadero problema sigue intacto: Pemex atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente.

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