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En medio de una discusión en redes sociales durante Semana Santa, la influencer Sandra Bronzina afirmó que “el libertarianismo no contradice la fe”, desatando una respuesta inmediata por parte del abogado e influencer Jean Carlo Portillo, quien cuestionó no solo su afirmación, sino el sustento intelectual detrás de la misma.

La polémica escaló rápidamente cuando Bronzina acusó a Portillo de “usar ChatGPT” para argumentar, en lugar de responder al fondo del debate. Sin embargo, el propio Portillo sostuvo que sus argumentos provienen directamente de la lectura de autores libertarios como Murray Rothbard, cuyas obras, como The Ethics of Liberty y For a New Liberty, fueron citadas explícitamente en la discusión.

Más allá del intercambio personal, el episodio deja en evidencia un problema mayor: la confusión, cada vez más frecuente, entre liberalismo y doctrina católica.

La idea de que el liberalismo es compatible con la fe católica no es nueva. Fue precisamente esa tesis la que la Iglesia enfrentó con mayor firmeza durante el siglo XIX.

El papa Gregorio XVI, en la encíclica Mirari Vos (1832), condenó abiertamente los principios fundamentales del liberalismo, como la libertad de conciencia entendida como relativismo, la libertad de culto y la separación radical entre Iglesia y Estado .

Posteriormente, Pío IX reafirmó esta condena en el Syllabus Errorum (1864), donde se rechazan los errores del pensamiento moderno, incluyendo el racionalismo y el indiferentismo religioso.

La razón de fondo es clara: el liberalismo, en su formulación filosófica, sostiene que la razón individual es autónoma y que el hombre es libre de definir su propia verdad. En cambio, la fe católica afirma que la verdad es objetiva, revelada por Dios y no sujeta a la voluntad humana.

En palabras de la tradición doctrinal, aceptar el liberalismo implica aceptar una moral independiente de Dios, lo cual es incompatible con el núcleo mismo del cristianismo.

León XIII desmontó con claridad el engaño liberal. En Libertas praestantissimum (1888), enseñó que no puede llamarse verdadera libertad a aquella que separa al hombre de la verdad, de la ley natural y de Dios. El liberalismo, al colocar la voluntad individual por encima del orden moral, no libera al hombre, sino que lo desordena. Por eso la Iglesia, bajo León XIII, lo proscribió como una doctrina incompatible con la concepción católica de la libertad.

La Iglesia distingue entre formas legítimas de participación política y la doctrina liberal como sistema filosófico. Y fue precisamente León XIII quien dejó esto en claro: una cosa es reconocer ciertos márgenes de libertad civil, y otra muy distinta convertir la libertad humana en un absoluto separado de la verdad y del bien.

No por nada León XIII dedicó buena parte de su magisterio político a combatir los errores del liberalismo moderno, porque entendía que, cuando la libertad se divorcia de la verdad, termina volviéndose un instrumento contra Dios, contra la Iglesia y contra el orden cristiano.

¿Se puede ser “católico libertario”?

Aquí está el punto incómodo que muchos intentan evitar: no todo lo que se presenta como “libertario” es compatible con la fe.

El problema del libertarianismo (que no es otra cosa que una rama más del liberalismo progre al que se refería Sara Huff y que inició esta discusión), especialmente en su versión rothbardiana, es que lleva al extremo la autonomía individual. En ese esquema, el bien y el mal quedan subordinados a la voluntad del individuo, incluyendo temas como el aborto, la familia o el orden moral.

Eso choca directamente con la doctrina católica, que afirma que el hombre no es medida de todas las cosas, sino criatura sujeta a una ley moral objetiva.

Por eso, históricamente, la Iglesia ha considerado incoherente intentar conciliar ambas visiones cuando el liberalismo se entiende como una filosofía total, no solo como un sistema político.

Así que el que algunos amigos libertarios o liberales “vayan a misa” no les quita el pecado, ni hace que el libertarianismo, liberalismo, progresismo, feminismo o cualquier ideología, sea compatible con la Santa Iglesia Católica. Van a tener que decidir qué son: activistas con una ideología o católicos seguidores de Cristo.

2 comentarios en «Intercambio internacional entre «influencers» de derechas evidencia incompatibilidad entre liberalismo y cristianismo católico»

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