Andy Burnham asume el liderazgo del Gobierno británico tras la renuncia de Keir Starmer. Su llegada a Downing Street marca un hito histórico para los católicos del Reino Unido, aunque su trayectoria política plantea interrogantes sobre la relación entre su fe y sus posiciones públicas.
El Reino Unido vive un momento inédito desde los tiempos de la Reforma inglesa. Andy Burnham asumió oficialmente como primer ministro el pasado 20 de julio, convirtiéndose en el primer católico practicante en ocupar el cargo en más de cinco siglos, después de la renuncia de Keir Starmer y su elección como líder del Partido Laborista.
La noticia tiene una relevancia histórica que trasciende la política británica. Desde la ruptura de Enrique VIII con Roma en el siglo XVI y la consolidación de la Iglesia de Inglaterra, ningún católico había llegado a dirigir el Gobierno del Reino Unido siendo abiertamente fiel a la Iglesia Católica. Diversos historiadores sitúan el último antecedente antes de la Reforma, durante el reinado de María I Tudor, hace más de 500 años.
Un cambio con enorme peso simbólico
Burnham, de 56 años, fue durante años alcalde del Gran Mánchester y se consolidó como una de las figuras más populares del Partido Laborista. Tras la dimisión de Starmer, fue elegido sin oposición para liderar la formación y recibió del rey Carlos III el encargo de formar gobierno.
En su primer discurso como jefe de Gobierno prometió un plan de diez años para estabilizar el país, combatir el aumento del costo de vida, descentralizar el poder y reducir el problema de las personas sin hogar, una de las primeras prioridades que anunció públicamente.
Católico de toda la vida
A diferencia de otros primeros ministros británicos que fueron bautizados católicos pero posteriormente abandonaron esa fe o se convirtieron al anglicanismo, Burnham ha sido descrito de forma consistente como un católico de toda la vida y practicante.
Medios católicos británicos señalan que ha hablado en diversas ocasiones de la influencia que tuvieron en su formación sacerdotes y líderes católicos de Liverpool, ciudad donde creció, especialmente el fallecido arzobispo Derek Worlock y el parlamentario católico Paul Goggins.
¿Significa esto un giro político hacia posiciones provida?
No necesariamente.
Aunque la elección de Burnham representa un acontecimiento histórico para los católicos británicos, su trayectoria política no coincide plenamente con la doctrina moral de la Iglesia en varios asuntos.
Como miembro del Partido Laborista, Burnham ha respaldado en distintas ocasiones políticas favorables al aborto legal y ha mantenido posiciones alineadas con la línea general de su partido respecto a diversas cuestiones sociales. Al mismo tiempo, se ha destacado por promover políticas de justicia social, lucha contra la pobreza y atención a las personas sin hogar, ámbitos que también forman parte de la doctrina social de la Iglesia.
Esta combinación ha llevado a analistas británicos a señalar que su catolicismo probablemente influirá más en su enfoque sobre la solidaridad, la cohesión social y el combate a la pobreza que en una agenda centrada en las llamadas “guerras culturales”, mucho más presentes en la política estadounidense.
Un momento histórico para los católicos británicos
Más allá de las diferencias políticas, la llegada de un católico practicante a Downing Street constituye un hecho de enorme importancia histórica.
Durante siglos, los católicos británicos sufrieron restricciones legales y discriminación tras la Reforma inglesa. Aunque esas barreras fueron eliminadas progresivamente durante los siglos XIX y XX, nunca antes un católico había llegado a ocupar el cargo de primer ministro manteniendo públicamente esa identidad religiosa.
Cinco siglos después de la ruptura entre la Corona inglesa y Roma, ese capítulo de la historia británica suma ahora un nuevo episodio.

