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En un comunicado difundido en redes sociales, Donald Trump arremetió contra varios comunicadores conservadores que han cuestionado su postura respecto a Irán. El exmandatario no se limitó a responder argumentos, sino que descalificó personalmente a periodistas y/o líderes de opinión como Tucker Carlson, Megyn Kelly, Candace Owens y Alex Jones, llamándolos “estúpidos”, “chiflados” y “perdedores”.

Mensaje de Trump en Truth Social

El tono del mensaje no es menor. En lugar de debatir ideas, Trump optó por desacreditar a quienes ejercen una función esencial en cualquier democracia: cuestionar al poder. Y vamos a decirlo duramente, eso fue lo que termino matando a Charlie Kirk. Ese es precisamente el punto crítico. No se trata de si Carlson u Owens tienen razón o no sobre Irán, la guerra, Israel y demás; sino de si un líder político puede deslegitimar públicamente el derecho a investigar, preguntar y disentir.

Los quiere callar

En cualquier sistema democrático sano, los periodistas (y ahora, algunos influencers), sean afines o críticos, cumplen un rol incómodo pero necesario: preguntan lo que otros no quieren responder, investigan lo que algunos prefieren ocultar y ponen sobre la mesa temas que el poder quisiera evitar. Por eso empezamos hablando de Candace Owens. Siendo ella amiga de Charlie Kirk, se negó a aceptar su muerte como un hecho cerrado. Algo no calzaba y el tiempo, las pericias y las investigaciones, terminaron dándole la razón. Se fabricó un culpable y está a punto de ser ejecutado.

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Pero ella no se quedó tranquila. Fue lejos, muchísimo más lejos. Cuestionó a Israel, continuó cuestionando todo lo que Charlie planteó y mucho más. Ahí fue cuando la quisieron callar y algunos influencers y líderes afines a Israel y a Trump, empezaron a públicamente plantear liquidarla. Ahí fue cuando Megyn Kelly se negó a lapidarla a ella y a Tucker, recibiendo también censura de parte del primer promotor de este entierro mediático: Ben Shapiro.

Ella plantea una verdad incómoda pero crucial: ¿por qué debería lapidar a un periodista como Candace o como Tucker solo por hacer preguntas?

El asunto es que ahora ya no es Ben Shapiro el que hace estas tonterías y llama a la censura… es el presidente en medio de una guerra, donde los que lo apoyaron en campaña, se volvieron disidentes por seguir un compás moral cristiano. Eso no es una simple reacción emocional, es una forma de presión.

Si tanto se quieren jactar de ser americanos y patriotas, están haciendo todo pésimo: no existe libertad política real sin libertad de prensa. Si los periodistas solo pueden hablar cuando coinciden con el poder, entonces ya no estamos ante periodismo, sino propaganda. Y eso quieren, MAGA a ciegas. Pero se topan con la pared cuando los agentes de la información tienen un compás moral o más peligroso aún: una fe inquebrantable.

Tucker: “yo lo vi y no dije nada”

No adelantemos lo que no sabemos: Tucker es cristiano pero aún no sabemos son certeza si ya va camino a la senda del catolicismo. Y sí, rezamos mucho por su conversión, porque está a un pasito y medio de llegar a la Santa Iglesia que fundó el mismísimo Cristo. Pero cuál es el pecado brutal de Carlson que Trump ya no le perdona: PREGUNTAR CON TALENTO.

Tucker es un periodista valiente, parece no tenerle miedo a la muerte. Entrevistó a Putin cuando el mundo lo condenó ciegamente, fue a Gaza para demostrar el infierno que viven los inocentes en Palestina, salió de la dicotomía de izquierdas y derechas para oponerse firmemente a la guerra por estar en contra de terminar con vidas inocentes, sean de la religión que sean; entrevistó al embajador de Estados Unidos con Israel, cuestionando incómodamente sus pretensiones con la violencia (para dejar en evidencia que su fin es la expansión); y finalmente denunció las incoherencias religiosas de los pastores y líderes de iglesias protestantes que no cuestionan absolutamente nada.

Y aquí viene lo fuerte: Tucker señaló que Trump no juró sobre la Biblia, él lo vio y no dijo nada. Se disculpó con la audiencia por su inacción, pero es recién ahora que ve este gesto no como una coincidencia, sino como un acto deliberado de rechazar el libro santo. Esta observación le llega a la luz de los recientes acontecimientos: una persona que amenaza con destruir una civilización completa no quiere hacer la obra de Dios.

Hoy son ellos…

… pero mañana puedes ser tú. Joe Biden mandaba investigar y apresar menores por ser muy tradis en redes sociales. ¿Con Trump va a pasar lo mismo? ¿Van a llorar infiltración rusa cuando un periodista cuestione? Alex Jones no es periodista, pero vaya que pone el dedo en la herida cuando es punzante con sus cuestionamientos. ¿Y ahora es el enemigo? Al final, una a una se van confirmando las teorías conspirativas y vemos, coincidentemente, un reavivamiento de la fe católica. No es coincidencia, es misión.

Por eso es crucial que todos entendamos ya que esta es una guerra espiritual y que el demonio siempre se disfraza. No estamos llamados a ser borregos de ningún político, porque nuestro único pastor es Cristo y quien esté contra Él, está en nuestra contra.

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