El político mexicano Ricardo Monreal publicó un mensaje por Jueves Santo acompañado de una imagen asistiendo a misa, en la que reflexiona sobre la Última Cena, la traición de Judas y la oración de Jesucristo. El gesto, en apariencia devocional, abre una pregunta legítima: ¿es coherente esta práctica pública con su trayectoria y sus propias afiliaciones, siendo él abiertamente masón?
La incompatibilidad con la masonería
La Iglesia Católica ha sido clara y constante en este punto. La pertenencia a la masonería es incompatible con la fe católica. No es una opinión, es una doctrina reafirmada oficialmente por el Vaticano.
Según Vatican News, en 2023 se reiteró que quienes pertenecen a la masonería se encuentran en “estado de pecado grave” y no pueden recibir la comunión. Esta posición no es nueva, se remonta a siglos de condenas por parte del Magisterio, debido a la visión relativista y anticristiana que la Iglesia atribuye a estas organizaciones.
Esto plantea un punto directo: si una persona se reconoce como masón, su participación sacramental, como la Eucaristía, entra en contradicción objetiva con la enseñanza de la Iglesia.
Aquí no se trata de “ir o no ir a misa”. Cualquier persona puede entrar a una iglesia, pero el catolicismo no es solo un gesto cultural o político. Tiene exigencias doctrinales concretas. No se puede ser masón y católico.
El problema es cuando un político utiliza símbolos religiosos mientras sostiene posturas o afiliaciones que la propia Iglesia considera incompatibles. Eso no es devoción, es instrumentalización.

