Lo ocurrido en Jerusalén durante el Domingo de Ramos no es un incidente menor. Es un precedente grave. Las autoridades israelíes impidieron el ingreso del Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, al Santo Sepulcro para celebrar una misa privada junto a una pequeña comitiva, una decisión que ha sido interpretada como una vulneración directa a la libertad religiosa y a la presencia histórica de la Iglesia en Tierra Santa.
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El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa emitieron un comunicado conjunto en el que reconocen que la situación fue abordada con las autoridades israelíes y que finalmente se garantizó el acceso para las celebraciones.
Sin embargo, el texto confirma el punto clave, que existen restricciones activas sobre las celebraciones religiosas debido al contexto de guerra, y que el acceso a los lugares santos no está plenamente garantizado como debería.
El comunicado señala que estas medidas responden al «estado actual de guerra» y que las limitaciones a reuniones públicas siguen vigentes, lo que obligará a transmitir las liturgias en vivo en lugar de permitir la plena participación de los fieles.
Al mismo tiempo, el documento insiste en un principio fundamental, la libertad de culto es un derecho humano superior que debe ser protegido incluso en contextos de conflicto.
Pizzaballa habla de fe, no de política
En su meditación para el Domingo de Ramos en Getsemaní, el cardenal Pizzaballa evitó cualquier tono político directo, pero su mensaje es profundamente significativo en el contexto actual.
Su reflexión gira en torno al sufrimiento, la fidelidad y la esperanza en medio de la violencia, recordando que el camino cristiano no es el del poder ni la imposición, sino el del sacrificio:
Hoy, en esta tarde de Domingo de Ramos, estamos aquí sin la procesión, sin las palmas ondeando por las calles. No es una ausencia formal: es la guerra la que ha suspendido nuestro camino festivo, haciendo difícil incluso la simple alegría de seguir a nuestro Rey. Nuestros hermanos y hermanas de Tierra Santa, hoy no pueden llenar las calles ni unir su voz a la procesión festiva. Pero su ausencia no está vacía ante el Señor. Él no busca caminos triunfales, sino que entra allí donde la puerta está entreabierta, donde la fidelidad es pan de cada día. El Crucificado Resucitado no deja de pasar entre nosotros. Incluso cuando el camino está bloqueado, Él habita el corazón de quien no ha dejado de seguirlo. Pero precisamente en este silencio forzado, esta liturgia se hace más verdadera. Porque el grito «Hosanna» no necesita ramas para subir al cielo, y la fe no se doblega cuando le faltan los ritos exteriores.
Hoy, Jesús vuelve a llorar por Jerusalén. Llora por esta ciudad, que sigue siendo signo de esperanza y de dolor, de gracia y de sufrimiento. Llora por esta Tierra Santa que aún no sabe reconocer el don de la paz. Llora por todas las víctimas de una guerra que no muestra señales de terminar, por las familias divididas, por las esperanzas rotas. Pero el llanto de Jesús nunca es estéril: es un llanto que abre los ojos, que interpela, que revela.
Este punto es clave, porque desmonta de raíz la narrativa que intenta presentar a la Iglesia como un actor político alineado en el conflicto.
Tras estos hechos, comenzaron a circular acusaciones contra Pizzaballa calificándolo de «antisemita». La acusación no solo es injusta, sino profundamente incoherente.
El mismo cardenal que hoy es atacado, fue quien, tras los ataques de Hamás en octubre de 2023, se ofreció públicamente a entregarse como rehén a cambio de niños israelíes secuestrados.
Ese gesto, reconocido incluso por medios internacionales, fue una de las expresiones más radicales de caridad cristiana en medio del conflicto.
Acusar de antisemitismo a quien estuvo dispuesto a dar su vida por israelíes inocentes no es solo falso, es una manipulación evidente del discurso.
León XIV tampoco lo dejó pasar
En paralelo, el Papa León XIV ha elevado el tono con una advertencia contundente sobre la instrumentalización religiosa de la guerra.
El pontífice ha rechazado frontalmente cualquier intento de presentar el conflicto, especialmente en relación con Irán, como una especie de cruzada cristiana.
Su mensaje es claro, Dios no bendice la violencia injusta ni escucha las oraciones de quienes tienen las manos manchadas de sangre. Se trata de una condena moral directa a la narrativa bélica que intenta justificar acciones militares en nombre de la fe.
Israel «arregla» las cosas tras críticas
Cuando se supo lo que había hecho la policía de Israel, Benjamin Netanyahu publicó que «haría todos los arreglos posibles para que Pizzaballa y su comitiva puedan ingresar a la Capilla del Santo Sepulcro». Asimismo, Mike Huckabee dijo que esto podría generar un precedente negativo y tenía absoluta razón.
Posteriormente y tras una reunión exitosa con las autoridades correspondientes, se pusieron de acuerdo para garantizar las actividades de Semana Santa con normalidad y las garantías de seguridad del caso.
Tras una productiva reunión entre la Policía de Israel y el Cardenal Católico Latino Pierbattista Pizzaballa, se ha establecido un marco común para las próximas ceremonias de Pascua. Debido a la compleja situación de seguridad derivada de la Operación «León Rugiente», las ceremonias, incluido el «Fuego Sagrado», se celebrarán de forma simbólica y limitada. Esta coordinación garantiza que se mantenga la libertad de culto junto con nuestro deber primordial compartido: la protección de la vida humana. En las últimas semanas, misiles y escombros iraníes han impactado en la Ciudad Vieja. Estas restricciones, que salvan vidas, son una respuesta directa a un peligro real e inminente para todos los fieles.

