El portal The Daily Wire publicó recientemente un artículo en el que sugiere que el aumento de conversiones al catolicismo viene acompañado de un “patrón preocupante” de antisemitismo. La tesis es clara, quienes se convierten, especialmente en ciertos círculos conservadores, terminan adoptando posturas críticas hacia Israel o el judaísmo, lo cual, según el medio, sería señal de radicalización.
El problema no es solo la acusación. Es la simplificación.
Equiparar diferencias teológicas o cuestionamientos políticos con odio hacia un pueblo, no es análisis serio. Es una estrategia para deslegitimar cualquier postura incómoda – como les ha venido funcionando.
Jesucristo no es un argumento político
Uno de los puntos más repetidos en estos debates es la afirmación de que “Jesús era judío”, utilizada como un puente automático entre el cristianismo y el judaísmo contemporáneo. Tanto es así, que algunos judíos tienen la osadía de decir que nosotros “adoramos a un judío” y deberíamos “adorarlos a todos”. ¿No me creen? Aquí está:
Por eso esa afirmación, sin contexto, se usa de forma engañosa.
Jesucristo nació en el pueblo hebreo, sí. Pero para el cristiano y particularmente para el católico, Cristo no es una figura histórica más. Es el Hijo de Dios, vivo, resucitado, y fundador de una Nueva Alianza que transforma radicalmente la relación entre Dios y el hombre. En Él nace el Nuevo Israel, nosotros. Con su Santa Cruz redimió al mundo y nos dio la opción de salvarnos y llegar a la vida eterna.
Reducir a Cristo a una categoría étnica o política es vaciar el núcleo del cristianismo. Es tan bruto como decir que Jesús era palestino. No cabe.
Y más aún, pretender que esa realidad implica una continuidad automática con el judaísmo actual es un salto que la propia teología cristiana no sostiene.
La fe católica no es una rama del judaísmo
Otra confusión frecuente es presentar a la Iglesia como una “extensión” o “rama” del judaísmo: No lo es.
El cristianismo nace del cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, pero no permanece como una derivación del judaísmo posterior a Cristo. La Iglesia afirma que en Cristo se consuma la revelación, y que la Nueva Alianza no es una versión paralela, sino definitiva. Y les cuento que ellos siguen esperando a un mesías solo para ellos, uno que no venga a salvar a los gentiles como nosotros.
Esto no implica odio, ni rechazo al pueblo judío. Implica una afirmación doctrinal central del cristianismo.
Negar esta diferencia para evitar incomodar sensibilidades políticas no es unidad. Es confusión.
Israel 1948 no es Israel bíblico
Otro punto crítico es la identificación automática entre el Estado moderno de Israel y el Israel bíblico. Son realidades distintas.
El Estado fundado en 1948 responde a un proceso político moderno, con intereses, alianzas y conflictos propios del siglo XX y XXI. Pretender que sus acciones representan directamente un mandato divino o una continuidad teológica incuestionable es una lectura ideológica, no religiosa.
Y aquí es donde el debate se vuelve incómodo.
Porque cuestionar decisiones del Estado de Israel, como se cuestiona a cualquier otro país, no es antisemitismo, ni va contra la Biblia, ni es ir contra Dios. Es ejercer criterio político y moral. No pueden quitarnos la facultad de hacer preguntas y cuestionar la política con una premisa falsa.
El derecho a cuestionar no es odio
El católico no está llamado a alinearse automáticamente con ningún proyecto geopolítico. Está llamado a la verdad.
Por eso, plantear preguntas sobre el destino de recursos públicos, sobre conflictos internacionales o sobre el trato a minorías religiosas no es extremismo. Es responsabilidad.
Denunciar la persecución de cristianos en Medio Oriente no es antisemitismo. Rechazar la guerra como solución permanente no es antisemitismo. Denunciar la expansión por premisas supuestamente bíblicas en zonas vulnerables matando inocentes, no es antisemitismo. Negarse a aceptar narrativas simplificadas tampoco lo es.
Los católicos no entramos en esa lógica. Estamos OBLIGADOS a resistirla.
No somos pro islam.
No somos anti judíos.
No somos instrumento de agendas políticas.
Somos (o intentamos ser) seguidores de Cristo.
Y eso implica algo mucho más exigente, buscar la verdad, defender la dignidad humana y rechazar la guerra, venga de donde venga.
Lo que le molesta al Daily Wire
Lo que algunos medios no están dispuestos a admitir es que el crecimiento del catolicismo no responde a una moda ideológica, sino a una búsqueda de verdad. ¿Por qué tantos se convierten cuando llegan a los padres de la Iglesia, en la búsqueda de la verdad?
Personas que estudian, que leen, que profundizan en la fe y que, precisamente por eso, dejan de aceptar relatos simplificados.
Eso incomoda, incomoda que los católicos ya no se creen lo que dicen, sino que buscan por sus medios y llegan a la verdad en Cristo. Les molesta que se sepa en qué condiciones se juzgó a Cristo, pasándose por alto las mismas leyes de los judíos para poder condenarlo. Es tan obvio, que el mismo Charlie Kirk lo expuso cuando querían vetar pasajes bíblicos por “antisemitismo”.
Les molesta tanto esa verdad, que algunos van tan lejos, que quieren declarar “antisemita” la Semana Santa. El problema es que la Biblia no miente y ya nos dio la respuesta en Lucas 19, 39-40: “Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Pero Él respondió: «Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras»”.
Porque un creyente formado no es fácilmente manipulable.
Y eso, hoy, es profundamente contrarrevolucionario.

