A meses de que arranque la revisión del tratado comercial, ambos gobiernos aceleran conversaciones para blindar cadenas de suministro, atraer inversión y reducir vulnerabilidades frente a Estados Unidos y Asia.
México y Canadá comenzaron a delinear un plan de integración económica más estrecha en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La iniciativa fue mexicana y surge en un momento clave de revisión formal del acuerdo comercial se aproxima y el entorno político en Norteamérica es cada vez más incierto.
La lógica es pragmática. Si el tratado entra a una fase de renegociación tensa, México y Canadá buscan llegar coordinados, con intereses alineados en sectores estratégicos y con mayor capacidad de negociación frente a Washington.
Blindar la competitividad regional
El comercio entre México y Canadá ha crecido bajo el T-MEC, pero la integración productiva todavía tiene margen de expansión. De acuerdo con lo informado por El Financiero, la conversación actual gira en torno a fortalecer cadenas de valor compartidas, reducir dependencias externas y consolidar sectores donde ambos países pueden complementarse.
La preocupación no es menor. Las reglas de origen más estrictas en el sector automotriz, los litigios energéticos y las tensiones laborales han mostrado que el tratado no está exento de fricciones. Ante la revisión programada, el mensaje político es claro: México y Canadá quieren estabilidad y certidumbre para los inversionistas.
Especialistas citados por CNN en Español han señalado que el acuerdo ha sido funcional para la región, pero enfrenta presiones derivadas de cambios regulatorios y de una competencia global cada vez más agresiva.
Sectores estratégicos en la mira
La integración que se explora no es abstracta. Tiene nombres concretos:
- En manufactura avanzada, particularmente en el sector automotriz y de vehículos eléctricos, ambos países buscan cumplir con las exigencias de contenido regional sin perder competitividad frente a Asia.

- En minerales críticos, Canadá cuenta con reservas estratégicas de litio, níquel y otros insumos clave para baterías. México, por su parte, ha declarado al litio como recurso estratégico. Una coordinación efectiva podría consolidar una cadena norteamericana de suministro para la transición energética.

- En energía, pese a las diferencias regulatorias, existe interés en garantizar seguridad de suministro, infraestructura y proyectos que refuercen la competitividad regional.
Todo es política
Más allá de la economía, el trasfondo es político. La revisión del T-MEC se dará en un entorno electoral en Estados Unidos y bajo presiones proteccionistas que podrían reaparecer con fuerza. México y Canadá comparten la necesidad de evitar sobresaltos que afecten inversión, exportaciones y empleo.
Para México, la apuesta es doble. Por un lado, capitalizar el nearshoring y consolidarse como plataforma manufacturera continental. Por otro, evitar que disputas comerciales o decisiones regulatorias internas escalen a paneles de controversia que erosionen la confianza.
La coordinación con Canadá puede convertirse en un contrapeso estratégico, pero no sustituye la relación central con Washington. El equilibrio será delicado.
Si esto prospera, podría traducirse en mayor flujo de inversión, cadenas productivas más robustas y menor exposición a shocks externos, pero estarían cerrando a Trump, que sigue representndo a nuestro mayor socio comercial.
Si fracasa o queda en declaraciones, la región podría enfrentar un periodo de incertidumbre justo cuando la competencia global exige cohesión y claridad.

