La diputada de Morena, Vianey García Romero, protagonizó un momento que rápidamente se volvió viral en redes sociales luego de acusar “violencia política de género” durante un intercambio con el senador panista Damián Zepeda Vidales, en el marco de una mesa de debate político.
El episodio ocurrió cuando Zepeda corrigió públicamente una afirmación realizada por la legisladora, señalando una imprecisión en sus argumentos. La intervención del panista, directa pero dentro de los parámetros habituales del debate político, derivó en una reacción inmediata de García, quien acusó que estaba siendo objeto de violencia política por razón de género.
El señalamiento generó controversia, no solo por el tono del intercambio, sino por el uso de una figura jurídica y política que, en México, ha adquirido gran relevancia en los últimos años. La llamada violencia política de género está tipificada en la legislación electoral y busca sancionar conductas que limiten o anulen los derechos políticos de las mujeres por su condición de género. Sin embargo, su aplicación ha sido objeto de debate cuando se invoca en contextos de confrontación política ordinaria.
En el video que circula ampliamente en redes, se observa que el intercambio entre ambos actores ocurre en el marco de una discusión técnica, donde Zepeda rebate el argumento de la diputada y la interrumpe para precisar datos. García, visiblemente incómoda, responde acusando un trato diferenciado y denunciando violencia política, lo que corta momentáneamente el curso del debate.
¿Hasta qué punto se puede corregir públicamente a una mujer y cuándo comienza la violencia de género? Solo por el hecho de ser mujeres, las morenistas creen que son intocables e infalibles, porque sería mansplaining que un varón, especialmente si es del PAN, las interrumpe para corregir imprecisiones.
Como era de esperarse, los aliades, paleros y therians del bienestar cercanos a Morena, han respaldado la postura de la diputada, argumentando que el tono y la forma en que fue interpelada reflejan prácticas históricas de deslegitimación hacia mujeres en espacios de poder. A pesar de sus esfuerzos, el sentido común parece abrirse camino, porque al menos la mayoría de internautas considera que el recurso fue utilizado como mecanismo defensivo ante una corrección pública, más que como una denuncia fundada.
El caso se suma a una serie de episodios recientes donde el concepto de «violencia política de género» ha sido invocado en medio de confrontaciones discursivas, lo que plantea un reto importante para su correcta interpretación y aplicación – porque seamos honestos, es una maroma para tener impunidad. Más simple y eficiente, sería dejar de usar el «género» e ir a temas más importantes para lograr equidad ante la ley par varones y mujeres.

