Imagen: Guillermo D. Olmo - BBC Mundo

El régimen dictatorial cubano reconoció oficialmente una crisis severa de combustible que obliga a racionamientos, paraliza sectores clave de la economía y agrava el deterioro de la vida cotidiana en la isla.

El gobierno de Cuba anunció la activación de un plan de “desabastecimiento agudo” de combustible… No podía saberse que sin México se hundirían. Esta medida excepcional confirma la profundidad de la crisis energética que atraviesa el país. La decisión, informada por autoridades del sector energético y recogida por medios oficiales, implica ajustes drásticos en el consumo y la priorización estricta de actividades consideradas esenciales.

Según la información difundida, la isla enfrenta niveles críticos de disponibilidad de diésel, gasolina y fuel oil, lo que impacta directamente en el transporte público, la generación eléctrica, la industria y los servicios básicos. El reconocimiento público del problema marca un punto relevante: ya no se trata de fallas puntuales, sino de una escasez estructural que obliga al Estado a operar en modo de emergencia.

La real crisis

El plan contempla reducciones severas en la movilidad, limitaciones al funcionamiento de empresas estatales y un uso aún más restringido del combustible en entidades no prioritarias. Hospitales, servicios de emergencia y algunas actividades productivas estratégicas recibirán abastecimiento preferente, mientras que el resto de la economía deberá adaptarse a un escenario de mínima disponibilidad.

En la práctica, esto se traduce en apagones más frecuentes y prolongados, dificultades para el transporte de alimentos y personas, y una mayor presión sobre una población que ya enfrenta inflación, escasez de productos básicos y salarios deteriorados. El combustible se ha convertido en un cuello de botella que arrastra a todo el sistema productivo.

Dependencia externa

La crisis no surge de manera aislada. Cuba depende en gran medida de importaciones de combustibles y de acuerdos energéticos con aliados políticos, los cuales se han debilitado por falta de financiamiento, sanciones internacionales y la propia incapacidad del Estado para cumplir compromisos de pago. A esto se suma el colapso de la infraestructura energética, con refinerías obsoletas y centrales termoeléctricas que operan al límite.

Lejos de ofrecer soluciones de fondo, el anuncio oficial insiste en un discurso de resistencia y administración de la escasez, sin señales claras de reformas estructurales que permitan atraer inversión, modernizar el sector energético o diversificar las fuentes de abastecimiento.

El Gobierno de México informó este miércoles 04 de febrero, que la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) abrió su más reciente contrato para vender petróleo a Cuba en 2023 y que este es abierto. «Nos solicitan (petróleo) en función de nuestra disponibilidad”, dijo Víctor Rodríguez Padilla, director general de Pemex, en la conferencia matutina de la presidenta

El que más sufre es el cubano de a pie

Mientras el régimen gestiona la emergencia desde arriba, el impacto real se siente en los hogares: menos transporte, menos electricidad, más horas de oscuridad y una economía informal que crece al ritmo de la necesidad. La gente vive en las peores y más extremas condiciones hace más de 40 años. El “desabastecimiento agudo” no es solo una categoría técnica, sino la confirmación de que el modelo económico cubano ya no logra garantizar ni siquiera el suministro básico de energía. Y aún hay gente, sobre todo del oficialismo, que tiene cara para defenderlo.

El anuncio oficial, lejos de tranquilizar, deja claro que la crisis será prolongada y que el costo principal seguirá recayendo sobre los ciudadanos, una vez más llamados a “resistir” las consecuencias de un sistema que no ofrece salidas reales.

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