Foto: Vatican Media

En vísperas del próximo tiempo cuaresmal, el Papa León ha dirigido un mensaje claro a los fieles: la verdadera conversión comienza con la capacidad de escuchar y se fortalece con el ayuno. En un contexto marcado por el ruido mediático, la polarización y la superficialidad espiritual, el Santo Padre ha insistido en que la Cuaresma no puede reducirse a una tradición cultural, sino que debe vivirse como un auténtico camino interior.

Según la información difundida por el boletín oficial de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Pontífice subrayó que la escucha no es una actitud pasiva, sino una disposición activa del corazón. Escuchar a Dios implica silencio, humildad y apertura. Escuchar al prójimo exige caridad y disposición a dejarse interpelar. En palabras del Papa, sin esta actitud interior no puede haber una conversión auténtica.

El Santo Padre recordó que el ayuno, por su parte, no es simplemente una práctica externa o alimentaria. Es una pedagogía espiritual. Ayunar significa aprender a dominar los impulsos, ordenar los deseos y liberar el corazón de aquello que lo esclaviza. En un mundo saturado de consumo y estímulos constantes, el ayuno se convierte en un acto contracultural que devuelve a la persona su libertad interior.

En su mensaje, el Papa también destacó que la Cuaresma es un tiempo privilegiado para reconciliarse con Dios y con los hermanos. No se trata solo de actos individuales de piedad, sino de una renovación que impacte la vida comunitaria. La escucha sincera puede sanar heridas, restaurar relaciones y abrir caminos de diálogo donde antes había incomprensión.

La exhortación del Pontífice se enmarca en la preparación espiritual de la Iglesia universal para el tiempo litúrgico que conduce a la Pascua. Desde la Santa Sede se ha reiterado que este periodo debe vivirse con intensidad, evitando la rutina y recuperando el sentido profundo de penitencia, oración y caridad.

El llamado del Papa León es directo: menos ruido y más silencio; menos reacción impulsiva y más discernimiento; menos apariencia y más autenticidad. En definitiva, una Cuaresma que transforme el corazón y no solo la agenda.

En tiempos de confusión moral y espiritual, el mensaje es claro. La conversión comienza escuchando, se fortalece con el ayuno y se concreta en obras de caridad. La pregunta que queda abierta para cada fiel es si esta Cuaresma será una más en el calendario o un verdadero punto de inflexión en la vida cristiana.

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