Un giro estratégico sacude el tablero geopolítico del hemisferio occidental. Panamá retiró a la empresa hongkonesa CK Hutchison la operación de dos puertos estratégicos vinculados al Canal de Panamá, una decisión que implica la salida de un actor con fuertes nexos con China y la entrada de una naviera suiza en su lugar.
Según Bloomberg, los puertos dejarán de estar bajo la órbita del conglomerado asiático y pasarán a manos de Mediterranean Shipping Company (MSC), uno de los mayores operadores marítimos del mundo, con sede en Suiza. El movimiento tiene implicaciones económicas inmediatas, pero sobre todo un claro trasfondo estratégico.
Durante años, la presencia de CK Hutchison en puntos logísticos clave del canal fue vista por analistas estadounidenses como parte de la expansión silenciosa de la influencia china en infraestructuras críticas de Hispanoamérica. Aunque la empresa es formalmente privada, Washington ha advertido reiteradamente que las compañías estratégicas chinas operan en estrecha coordinación con los intereses del Estado.
El Canal de Panamá no es cualquier infraestructura. Es una arteria vital del comercio global por donde transita aproximadamente el 5% del comercio marítimo mundial. Controlar, operar o influir en puertos conectados al canal no solo tiene relevancia económica, sino también militar y geopolítica. En escenarios de tensión internacional, la logística portuaria puede convertirse en un factor determinante.
La salida de CK Hutchison ocurre en un contexto más amplio de presión estadounidense para limitar la penetración china en infraestructuras críticas del hemisferio occidental. Washington ha manifestado preocupación por la participación de empresas chinas en puertos, telecomunicaciones, energía y minería en distintos países de Hispanoamérica.
Para Panamá, la decisión implica un delicado equilibrio entre mantener relaciones comerciales con China, uno de sus principales socios económicos, y no tensar innecesariamente su vínculo estratégico con Estados Unidos, país históricamente ligado al canal desde su construcción y administración durante el siglo XX.
El reemplazo por una empresa suiza reduce la percepción de riesgo político inmediato. Suiza no está alineada estructuralmente con una agenda geopolítica expansiva en la región, lo que podría interpretarse como un intento de Panamá por despolitizar la operación portuaria y devolverla a una lógica puramente comercial.
Sin embargo, el trasfondo es claro: la competencia entre Washington y Beijing ya no se limita a Asia o Europa del Este. Se libra también en Hispanoamérica, en sus puertos, en sus corredores logísticos y en sus infraestructuras estratégicas.
El control de nodos comerciales como el Canal de Panamá no solo define rutas de mercancías, sino también influencia, seguridad y poder en el siglo XXI. Y cada movimiento en esa dirección es observado con lupa por las grandes potencias.

