El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles continúa enfrentando cuestionamientos sobre su rentabilidad tras acumular pérdidas por 792 millones de pesos en sus primeros cuatro años de operación. El aeropuerto aún no logra consolidar ingresos suficientes para cubrir sus costos operativos, manteniéndose en números rojos desde su inauguración.
Los datos reflejan que, pese a los esfuerzos del gobierno por incrementar su uso, el flujo de pasajeros y operaciones todavía no alcanza niveles que permitan equilibrar las finanzas del proyecto, uno de los emblemas de infraestructura del sexenio anterior.
Menor demanda y dependencia del Estado
Diversos reportes coinciden en que el AIFA ha tenido dificultades para atraer aerolíneas y pasajeros en comparación con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. La conectividad, la distancia y la preferencia de los usuarios siguen favoreciendo al aeropuerto capitalino, lo que limita el crecimiento del AIFA.
Además, el aeropuerto depende en gran medida del apoyo gubernamental para su operación, lo que pone en duda su autosuficiencia financiera en el corto plazo.
Un proyecto estratégico bajo presión
El gobierno federal ha defendido el AIFA como una obra estratégica para descongestionar el sistema aeroportuario del Valle de México y reducir costos de operación a largo plazo. Sin embargo, los resultados financieros iniciales han alimentado críticas sobre la planeación del proyecto y sus proyecciones de demanda.
De acuerdo con análisis de Reuters sobre infraestructura aeroportuaria en México, los grandes proyectos requieren años para alcanzar su punto de equilibrio, pero su éxito depende de factores clave como conectividad, inversión complementaria y confianza del mercado.
Entre narrativa oficial y resultados financieros
Mientras el discurso oficial insiste en que el AIFA es un proyecto a largo plazo, los datos actuales muestran un desempeño financiero limitado. La acumulación de pérdidas y la necesidad de respaldo estatal mantienen abierto el debate sobre si el aeropuerto logrará convertirse en una infraestructura rentable o si seguirá siendo una carga para las finanzas públicas.
Por ahora, el AIFA representa uno de los casos más visibles de la brecha entre la narrativa gubernamental y los resultados económicos, en un contexto donde la eficiencia del gasto público está bajo creciente escrutinio.
