La revelación sobre el uso de un salón de belleza dentro del Senado por parte de legisladoras de MORENA, PT y el Partido Verde abrió un debate sobre el uso de recursos públicos. La senadora Andrea Chávez negó estar involucrada, mientras la oposición exige explicaciones formales.
La difusión de información sobre el presunto uso de un salón de belleza ubicado dentro del Senado de la República por parte de legisladoras de MORENA, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México ha generado cuestionamientos públicos y pedidos de transparencia desde distintos sectores de la oposición.
De acuerdo con lo revelado por Revista Proceso, el espacio instalado en instalaciones del Senado habría sido utilizado por algunas senadoras para servicios de cuidado personal. La información provocó reacciones inmediatas, no solo por la naturaleza del servicio, sino por el contexto de austeridad y control del gasto público que el propio oficialismo ha defendido como principio rector de su gestión.
Andrea Chávez se deslinda públicamente
Tras la publicación del reportaje, la senadora Andrea Chávez negó de manera categórica cualquier tipo de participación o beneficio relacionado con dicho salón. A través de X, Chávez afirmó no haber acudido al lugar ni haber solicitado servicios y se deslindó completamente del caso.
Su pronunciamiento busca cerrar cualquier vínculo personal con el uso de ese espacio, en un momento en que la atención mediática se ha concentrado en identificar responsabilidades individuales y aclarar si existió algún tipo de irregularidad administrativa. Sin embargo, algunos internautas señalaron que hay documentos del senado que contradirían su versión y también apuntaron que «una dyson» oscila entre los 13 mil y los 16 mil pesos, un precio nada «austero» para ser una senadora de MORENA.
El foco: uso de recursos y reglas internas
Más allá de nombres concretos, el debate se ha trasladado al plano institucional. Legisladores de oposición han pedido que se aclare bajo qué marco normativo opera dicho salón, quién autorizó su funcionamiento, si implica costos para el erario y si su uso se ajusta a las reglas internas del Senado.
Las críticas no se centran únicamente en la existencia del espacio, sino en la falta de información clara sobre su financiamiento, acceso y propósito, especialmente en un país donde el discurso oficial ha insistido en la eliminación de privilegios dentro de la clase política.


Hasta el momento, no se ha informado de manera oficial si el Senado abrirá una revisión administrativa o emitirá un informe detallado sobre el funcionamiento del salón de belleza. Sin embargo, el caso ha reavivado una discusión recurrente: la distancia entre el discurso de austeridad y ciertas prácticas cotidianas dentro del poder legislativo.
Por el momento, solo sabemos que la presidnte del Senado, también de MORENA, avala que exista este espacio porque por lo visto, algunos senadores son incapaces de mostrarse «presentables» por iniciativa propia para las sesiones plenarias.

