Como informamos, presidente madrileña denunció persecución y amenazas durante su gira mexicana, pero hoteles, organizadores y autoridades desmintieron varias de sus acusaciones. Aun así, el trato político desde el oficialismo mexicano fue claramente adverso.
La polémica por la gira de Isabel Díaz Ayuso en México sigue creciendo y ya dejó un escenario incómodo para ambas partes. Por un lado, es evidente que la presidente mexicana Claudia Sheinbaum mantuvo una postura hostil hacia la dirigente madrileña, lanzando críticas públicas constantes y en grupo (porque MORENA no se quedó atrás) y permitiendo que sectores oficialistas convirtieran su visita en un campo de confrontación política. Pero, al mismo tiempo, varias de las acusaciones más graves realizadas por Ayuso terminaron siendo desmentidas.
Como informamos, la presidente de la Comunidad de Madrid canceló la última parte de su gira alegando un supuesto “boicot” promovido desde el gobierno mexicano. Incluso aseguró que existieron amenazas contra hoteles y organizadores de eventos para impedir su participación en actividades públicas y en los Premios Platino.
Sin embargo, distintas versiones comenzaron rápidamente a desmontar parte de ese relato. La cadena hotelera vinculada a los Premios Platino negó que existieran amenazas de cierre o presiones gubernamentales para impedir la entrada de Ayuso. Además, el Ministerio de Exteriores español aseguró que la dirigente madrileña no facilitó completamente su agenda y rechazó la seguridad ofrecida por las autoridades mexicanas.

Sheinbaum sí alimentó el clima político contra Ayuso
Que algunas acusaciones hayan sido exageradas no significa que el ambiente político haya sido normal. Desde el inicio de la visita, Sheinbaum respondió públicamente a Ayuso en varias ocasiones, ironizó sobre su presencia en México y permitió que la controversia creciera mediáticamente.
La tensión venía acumulándose desde meses atrás debido a las críticas de Ayuso contra el oficialismo mexicano y sus constantes referencias al deterioro democrático, la violencia del narcotráfico y la relación histórica entre España y México.
Paradójicamente, mientras el gobierno mexicano suele recibir con cordialidad y reconocimiento a líderes de izquierda latinoamericanos como Evo Morales, Gustavo Petro o Luiz Inácio Lula da Silva, con Ayuso el trato fue completamente distinto. La presidente madrileña fue objeto de críticas constantes desde la mañanera presidencial y desde sectores cercanos a MORENA.
Incluso Sheinbaum llegó a burlarse de la situación afirmando que Ayuso “no debía pensar tan mal de México” porque pasó días en la Riviera Maya.
Entre la victimización y la confrontación ideológica
La controversia terminó convirtiéndose en un choque político internacional entre dos figuras ideológicamente opuestas. Ayuso intentó presentar su salida anticipada como consecuencia de una persecución institucional, mientras el oficialismo mexicano buscó ridiculizarla públicamente.
Pero conforme aparecieron desmentidos de hoteles, organizadores y autoridades diplomáticas, comenzó a instalarse la percepción de que Ayuso exageró parte de lo ocurrido para reforzar un relato político de victimización.
Eso no elimina el hecho de que el ambiente hacia ella fue claramente adverso. Hubo mala entraña política, hostilidad pública y presión mediática, especialmente después de que Ayuso participara en eventos vinculados a sectores opositores al gobierno mexicano y realizara declaraciones duras sobre la situación del país.
Lo que hasta ahora no ha podido demostrarse es la existencia de amenazas directas, coerción institucional o intentos reales de sabotaje contra hoteles o empresarios, como inicialmente aseguró la dirigente madrileña.
La crisis terminó dejando una imagen incómoda tanto para Sheinbaum como para Ayuso. La presidente mexicana mostró poca disposición al trato diplomático con una autoridad extranjera incómoda ideológicamente, mientras Ayuso terminó debilitando parte de su denuncia al lanzar acusaciones que posteriormente fueron desmentidas.

