La victoria de Laura Fernández en las elecciones de 2026 marca un punto de inflexión en la historia política de Costa Rica. Con un respaldo contundente en las urnas, con una aplastante victoria en primera vuelta y una campaña centrada en la gestión, la seguridad y la estabilidad institucional, Fernández se convierte en la próxima presidente del país en un contexto regional complejo y desafiante.
Lejos de los estereotipos ideológicos que algunos intentan imponerle, su ascenso responde más a una trayectoria técnica sólida y a una lectura clara del momento que atraviesa Costa Rica que a etiquetas simplistas que no reflejan su perfil ni su discurso.
Formación y vocación de servicio público
Laura Fernández se formó como politóloga con especialización en políticas públicas y gobernabilidad democrática. Desde el inicio de su carrera, se enfocó en el trabajo técnico dentro del Estado, alejándose del activismo ideológico y apostando por el diseño, evaluación y ejecución de políticas públicas concretas.
Antes de saltar al primer plano político, ocupó cargos de asesoría y planificación estratégica en distintas instancias del sector público, donde construyó una reputación de funcionaria preparada, metódica y orientada a resultados. Su perfil técnico fue clave para su posterior ingreso al gabinete nacional.
Del gabinete a la candidatura presidencial
Fernández ganó notoriedad nacional durante su paso por el Poder Ejecutivo, primero como ministra de Planificación Nacional y posteriormente como ministra de la Presidencia. En ambos cargos se distinguió por su capacidad de coordinación interinstitucional y por su rol como puente entre el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa.
Desde esas posiciones enfrentó negociaciones complejas, impulsó reformas administrativas y defendió una visión de Estado más eficiente, menos burocrático y con mayor capacidad de respuesta frente a los problemas estructurales del país. Su salida del gabinete para competir por la presidencia fue vista como la transición natural de una figura que ya contaba con alto reconocimiento y credibilidad.
Una campaña basada en gestión, no en consignas
La campaña presidencial de Laura Fernández se construyó sobre un mensaje claro: recuperar el control del Estado frente al avance del crimen organizado, fortalecer la institucionalidad democrática y devolverle al ciudadano la confianza en el gobierno. En lugar de recurrir a discursos polarizantes, apostó por un tono firme, pero moderado, enfocado en soluciones y no en confrontaciones. Esto la hizo ganar con más del 50%.
Uno de los ejes centrales de su propuesta fue la seguridad, un tema que se ha convertido en prioridad para los costarricenses. Fernández habló de reforzar a las fuerzas del orden, mejorar la coordinación judicial y cerrar espacios a la impunidad, sin caer en recetas improvisadas ni en promesas grandilocuentes.
Una victoria con mensaje claro
El triunfo de Fernández en primera vuelta no solo la convierte en una de las figuras políticas más relevantes de Centroamérica, sino que envía un mensaje claro del electorado: Costa Rica busca liderazgo, orden y capacidad de gestión. Su victoria refleja el cansancio frente a la inseguridad y la improvisación, y una apuesta por perfiles preparados que entiendan el funcionamiento del Estado.
A sus 39 años, Fernández representa también a una nueva generación de liderazgo político: más técnica, más profesional y menos atada a las viejas lógicas partidarias que dominaron la política costarricense durante décadas. Asimismo, está en contra de la trata de personas y mantiene contacto con distintos liderazgos internacionales, sentando siempre una posición pública muy tajante contra el comunismo.
El reto que viene
A partir del 8 de mayo de 2026, Laura Fernández asumirá la presidencia con enormes desafíos por delante: seguridad, economía, cohesión social y confianza institucional. Su mayor fortaleza, según analistas y votantes, es precisamente su experiencia en la gestión del Estado y su capacidad para tomar decisiones con base técnica y sentido de responsabilidad.
Costa Rica inicia así una nueva etapa, encabezada por una líder que llega al poder no por estridencia, sino por preparación, constancia y una lectura clara del país que hoy demanda orden, estabilidad y futuro.

