Mientras autoridades de Estados Unidos cerraron temporalmente el espacio aéreo en El Paso tras la irrupción de drones vinculados a cárteles mexicanos, la presidente Claudia Sheinbaum contradijo públicamente esa versión y cuestionó el reporte.
Autoridades de Estados Unidos cerraron temporalmente el espacio aéreo en El Paso luego de detectar drones que habrían ingresado desde territorio mexicano.
Según esas versiones, los dispositivos no tripulados estarían relacionados con actividades de cárteles mexicanos y habrían penetrado espacio aéreo estadounidense, lo que activó medidas preventivas de seguridad.
Esto implicó una acción concreta ante lo que Washington interpretó como una posible amenaza o vulneración de su espacio soberano.
Sheinbaum lo negó
Como si la noticia viniera de un blog, Claudia Sheinbaum negó que el reporte fuera verdad. En la mañanera salió a contradecir la versión estadounidense. Sostuvo que «no existe evidencia concluyente» que confirme el escenario planteado desde Estados Unidos. ¿Qué tan normal es que una jefe de estado niegue lo que un reporte oficial del ejército de Estdos Unidos dice?
Sheinbaum cuestionó el enfoque del reporte y defendió que no hay información que respalde que cárteles mexicanos hayan violado formalmente el espacio aéreo estadounidense en los términos difundidos.
El gobierno mexicano no quiere aceptar internacionalmente que grupos criminales estén operando drones que crucen la frontera con ese nivel de impacto. A simple vista, por lo menos, parece que encubrieran lo que pasa o que simplemente no quieren alertar al sacrosanto «pueblo».
Lo grave del uso de drones
El uso de drones por parte de cárteles no es nada nuevo. En años recientes, se han documentado casos de drones empleados para vigilancia, monitoreo de autoridades e incluso ataques en distintas regiones del país.
El elemento nuevo es que el incidente habría tenido impacto directo en espacio aéreo estadounidense, elevando el nivel de alarma, por eso los reportes.
Este episodio ocurre además en un contexto de presión política en Estados Unidos respecto al control fronterizo y el combate al narcotráfico. Cualquier señal de sofisticación tecnológica por parte de cárteles refuerza la narrativa de amenaza transnacional.
Para México, aceptar públicamente esa versión implica reconocer un grado de control criminal con implicaciones diplomáticas delicadas. Y la negación, como es lógico, daña la confianza entre ambos países.

