La presidente Claudia Sheinbaum ha construido buena parte de su narrativa política alrededor de la palabra «soberanía»: energética, económica, soberanía frente a Estados Unidos (el cuco total), soberanía como escudo ideológico y bandera electoral.
Pero ahora, en un giro que expone una contradicción evidente, una comisión del Senado aprobó el ingreso de marinos de Estados Unidos a territorio mexicano para labores de seguridad y capacitación.
¿Qué pasó con el discurso de que «no se permitirá intervención extranjera»? Porque esto, de hecho, es bastante positivo, será para capacitaciones y colaboración, pero hasta hace unos meses la sola idea de dejar entrar fuerzas estadounidenses era una afrenta a su nacionalismo hiperexaltado. ¿Qué pasó?
De acuerdo con lo aprobado por el Senado, elementos de la Marina de Estados Unidos ingresarán a México para participar en actividades de adiestramiento conjunto con fuerzas mexicanas. El argumento oficial es que esta cooperación permitirá «mejorar la seguridad» y fortalecer capacidades operativas.
Increíblemente, el dictamen fue avalado por legisladores de MORENA y aliados, el mismo bloque que durante años acusó a gobiernos anteriores de «entreguistas» cada vez que había coordinación con Washington.
La narrativa cambió. Lo que antes era «injerencismo», hoy es «cooperación estratégica». ¿Será que en las llamadas, algo dijo Mr. Trump?
Hay dos «sopas»: O el gobierno reconoce implícitamente que la crisis de seguridad requiere cooperación internacional real, o simplemente adapta el discurso según convenga políticamente.
Lo que resulta difícil de sostener es la coherencia entre el mensaje soberanista radical y la decisión concreta de permitir la presencia de fuerzas extranjeras en territorio nacional. Igual está bien que por fin decidan realmente cooperar.
¿A cuántas llamadas de Trump está Sheinbaum de aceptar una lucha conjunta contra el narco?

