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Una diputada rusa planteó restringir el acceso a sitios pornográficos a hombres sin hijos como parte de una estrategia para enfrentar la crisis demográfica del país.

Una nueva propuesta surgida en Rusia ha generado debate dentro y fuera del país, luego de que una diputada planteara prohibir el acceso a sitios pornográficos a hombres que no tengan hijos, bajo el argumento de que esta medida podría contribuir a incrementar la tasa de natalidad. El Estado ahora quiere meterse también en el pantalón de los solteros, ¿cómo ven?

¡No más ‘porno’!

De acuerdo con la información publicada, la legisladora sostiene que el consumo de pornografía desincentiva la formación de familias y la paternidad, por lo que limitar su acceso a hombres sin hijos podría funcionar como un mecanismo de presión social para fomentar la reproducción. La idea se inscribe en una narrativa más amplia impulsada por sectores conservadores del poder ruso, que asocian la crisis demográfica con cambios culturales, hábitos sexuales y modelos de vida alejados de la familia tradicional.

El planteamiento no se presenta como una recomendación moral, sino como una política pública orientada a enfrentar una caída sostenida en los nacimientos, un problema que el propio Estado ruso ha reconocido como estratégico y de seguridad nacional. George Orwell lo vaticinó en un libro, pero vamos al por qué de sus medidas desesperadas.

Rusia atraviesa desde hace años una disminución preocupante de su tasa de natalidad, agravada por factores como la migración (las rusas se van, porque en hombres es menor), la mortalidad masculina y el impacto de conflictos recientes. Frente a este escenario, el gobierno ha promovido incentivos económicos, campañas culturales y discursos que exaltan la maternidad y la familia numerosa.

La propuesta sobre la pornografía se suma a ese paquete de medidas, pero destaca por su carácter punitivo y por la forma directa en que vincula la vida privada de los ciudadanos con objetivos demográficos del Estado.

Todavía falta que se discuta

Aunque la iniciativa aún no se traduce en un proyecto de ley concreto, ha generado cuestionamientos por su viabilidad y por las implicaciones que tendría en materia de libertades individuales. Limitar el acceso a contenidos en función del estado civil o reproductivo de una persona plantea interrogantes sobre vigilancia digital, discriminación y control estatal sobre la intimidad.

Además, no existe evidencia clara de que el consumo de pornografía tenga una relación directa con la decisión de tener hijos, a pesar de sus efectos terriblemente negativos, lo que pone en duda la eficacia real de una medida de este tipo frente a un problema estructural mucho más complejo.

Veamos cómo se desarrolla y si llega a ser un proyecto de ley, pero por lo pronto sabemos que los rusos no descartan meterse también la vida sexual privada de sus ciudadanos solteros.

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