La exalcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, vuelve a colocarse en el centro de la polémica. Esta vez no por sus desplantes mediáticos ni por enfrentamientos con adversarios políticos, sino por una red de negocios privados, socios poco transparentes y favores vinculados a eventos públicos que, de acuerdo con una investigación periodística, estarían destinados a financiar su eventual regreso a la arena política.
La información reportada por El Universal, revela un patrón que plantea serias preguntas sobre los límites entre lo público y lo privado, así como sobre los mecanismos informales que algunos actores utilizan para mantenerse vigentes tras haber perdido el poder institucional.
¿Quiénes son sus socios?
Tras dejar la alcaldía, Cuevas emprendió una serie de proyectos empresariales que, según los registros revisados, incluyen sociedades con personas que no cuentan con un historial público claro en el ámbito empresarial o político. Estas asociaciones, lejos de aportar certidumbre, abren interrogantes sobre el origen del capital, la toma real de decisiones y el propósito último de dichas estructuras.
El punto más delicado no es únicamente la creación de empresas, algo legítimo en sí mismo, sino la coincidencia entre estos negocios y la activación de una estrategia de reposicionamiento político que requiere recursos significativos para operación, imagen y presencia mediática. En cada vídeo que sube a redes sociales, con una apariencia totalmente alejada a la que solía tener, se presenta como política y empresaria – además de ahora ser muy aduladora con la presidente.
Eventos, favores y la delgada línea del conflicto de interés
Uno de los aspectos más sensibles del reportaje es la mención de «favores» relacionados con eventos, logística y espacios que, directa o indirectamente, habrían sido facilitados cuando Cuevas aún conservaba influencia política o relaciones clave dentro de la administración pública.
Este tipo de prácticas, aunque difíciles de probar penalmente, suelen ser el preludio de esquemas de financiamiento paralelo: apoyos hoy que se cobran mañana en forma de contratos, permisos o respaldo político. El problema no es solo legal, sino ético, pues erosiona la confianza ciudadana y refuerza la percepción de que el poder se usa como moneda de cambio.
El regreso político
Todo apunta a que estos movimientos no son aislados ni improvisados. La lógica que se desprende del análisis es clara: construir una base económica propia que permita a Cuevas intentar volver a la política sin depender de partidos fuertes o estructuras tradicionales, presentándose como una figura «independiente» pero respaldada por capital privado de origen poco visible. Tienen talento para ocultar procedencias.
Hasta ahora, Sandra Cuevas no ha ofrecido una explicación detallada y documentada que despeje las dudas sobre sus socios, el origen de los recursos y la relación entre sus negocios y su proyección política futura. El silencio, en este contexto, no juega a su favor.
El eventual regreso político de Cuevas, si llega a concretarse, no podrá escapar a estos cuestionamientos, sobre todo en un contexto en el que cada vez más funcionarios van presos o por lo menos son procesados por falta de transparencia e implicación en actos ilícitos.

