Ya que el «Tío Richi» puso de moda hablar del SAT, sus reporten marcan números alarmantes. Durante 2025 y alcanzaron los 269 mil 973 millones de pesos, una cifra que evidencia una contradicción profunda entre el discurso oficial de fortalecimiento fiscal y la realidad de la recaudación efectiva.
El crecimiento de esta cartera vencida se da en un contexto de desaceleración económica, menor dinamismo empresarial y un entorno de alta presión tributaria para ciertos sectores formales. El monto de los adeudos representa un incremento sustancial respecto a años previos, lo que refleja que una parte relevante de los contribuyentes, tanto personas físicas como morales, no logró cumplir oportunamente con sus obligaciones fiscales. Este fenómeno no solo impacta en las finanzas públicas, sino que también cuestiona la efectividad de la estrategia recaudatoria aplicada por el gobierno federal.
Presión fiscal, litigios y empresas asfixiadas
Especialistas en materia tributaria advierten que el aumento de los adeudos no necesariamente obedece a una mayor evasión deliberada, sino a una combinación de factores estructurales. Entre ellos destacan la falta de liquidez de miles de empresas, el endurecimiento de los criterios del SAT para la determinación de créditos fiscales y la proliferación de controversias legales que mantienen montos importantes en litigio.
En muchos casos, los adeudos corresponden a créditos fiscales impugnados que aún no son definitivos, pero que se contabilizan como parte de la cartera vencida. Esto genera una imagen de fortaleza recaudatoria en el papel, aunque en la práctica esos recursos no ingresan a las arcas públicas de manera inmediata, ni siquiera en el mediano plazo.
El crecimiento de los adeudos ocurre mientras el gobierno insiste en que no habrá una reforma fiscal y que la recaudación se sostiene gracias a una mayor eficiencia administrativa. Sin embargo, el volumen de créditos pendientes pone en entredicho esa narrativa y revela que el sistema depende cada vez más de presiones, fiscalizaciones agresivas y procesos administrativos prolongados, en lugar de un entorno económico que facilite el cumplimiento voluntario.
Aumenta el gasto público y vamos a arrastrar estos problemas
Este escenario resulta especialmente delicado en momentos en que el gasto público sigue en aumento y las necesidades de financiamiento del Estado son mayores. La incapacidad de convertir esos adeudos en ingresos efectivos limita el margen fiscal y obliga a recurrir a otras fuentes, como endeudamiento o recortes encubiertos en áreas sensibles.
El aumento de casi 270 mil millones de pesos en adeudos no es solo una cifra contable, sino un síntoma de un sistema fiscal tensionado. Si la tendencia continúa en 2026, el SAT enfrentará un doble desafío: cobrar una cartera vencida cada vez más difícil de recuperar y sostener la recaudación sin ahogar a los contribuyentes que sí cumplen.
Más allá de los discursos, los números muestran que el problema no está resuelto. La pregunta de fondo es si el Estado optará por una corrección estructural que incentive la actividad económica y el cumplimiento fiscal, o si seguirá acumulando adeudos que inflan las estadísticas, pero no fortalecen realmente las finanzas públicas.

