París denuncia una operación de desinformación rusa que busca implicar falsamente al presidente Emmanuel Macron en el escándalo de Jeffrey Epstein, utilizando documentos manipulados y difusión masiva en redes sociales. Y adivinen quién no aparece en los archivos Epstein: sí, Putin.
El gobierno de Francia acusó formalmente a Rusia de estar detrás de una campaña de desinformación destinada a vincular al presidente Emmanuel Macron con el caso del financiero estadounidense Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales y fallecido en prisión en 2019.
Según las autoridades francesas, se trata de una operación coordinada que utiliza archivos manipulados, referencias falsas y amplificación digital para sembrar dudas sobre la integridad del mandatario francés, en un contexto geopolítico particularmente tenso entre París y Moscú.
De dónde nace la polémica
La controversia se originó a partir de la difusión de un supuesto listado relacionado con el caso Epstein, en el que el nombre de Macron aparece más de 200 veces. El gobierno francés sostiene que ese documento es falso y que ha sido fabricado o alterado deliberadamente para crear la apariencia de una vinculación inexistente.
Las autoridades recalcan que no existe ningún registro judicial, testimonio creíble ni evidencia oficial que relacione al presidente francés con Epstein o su red de explotación sexual. Aun así, el material ha sido replicado de manera intensa en redes sociales y plataformas digitales, especialmente en entornos propicios para teorías conspirativas.
Desde París se enmarca el episodio dentro de una estrategia más amplia de guerra informativa atribuida al Kremlin. Funcionarios franceses señalan que Rusia ha recurrido en reiteradas ocasiones a campañas de manipulación informativa para desacreditar a líderes occidentales, erosionar la confianza pública y polarizar a las sociedades democráticas.
En este caso, la utilización del nombre de Epstein, un símbolo global de corrupción, poder, enfermedad mental, pedofilia y abuso, no sería casual, sino un recurso diseñado para maximizar el impacto emocional y mediático de la acusación, aun cuando carezca de sustento factual.
La acusación se produce en un momento de fricción sostenida entre Francia y Rusia, especialmente por la guerra en Ucrania y el respaldo político, económico y militar que París (y básicamente toda la Unión Europea) ha dado a Kiev. En ese escenario, el gobierno francés considera que Macron se ha convertido en un objetivo prioritario de campañas hostiles de desinformación, pero lo real es que tiene miedo de que toda su corrupción y la de la UE se vean (más) expuestas.
Qué dijo Macron
El Ejecutivo francés ha sido enfático al rechazar cualquier insinuación contra Macron y ha pedido a la ciudadanía y a los medios de comunicación extremar la cautela frente a documentos no verificados. Asimismo, se han activado mecanismos de monitoreo y denuncia de campañas coordinadas de desinformación en plataformas digitales.
También ha advertido que este tipo de ataques no solo afectan a una figura política concreta, sino que constituyen una amenaza directa a la estabilidad democrática y a la confianza en la información pública.
Francia «advierte» desinformación
El gobierno francés concluye que el caso ilustra los riesgos de la guerra informativa en el siglo XXI: documentos apócrifos, repetición masiva y confusión deliberada como herramientas para socavar reputaciones y alterar el debate público. Es raro que toda su «lucha» contra la desinformación haya empezado con Candace, pero eso es té para otro día.

